Once Upon a Time in America

Érase una vez en América (1984)

(Esta reseña habla de la versión restaurada de 2012)

En 1933, David “Noodles” Aaronson es un contrabandista de alcohol, que huye de Nueva York al delatar al resto de su pandilla, que termina muerta en una emboscada de la policía. 35 años después, recibe la invitación de un tal secretario Bailey, quien parece conocer toda la historia y saber sobre el paradero de Noodles, por lo que este sale de su exilio y empieza a revivir la historia de sus años juveniles, marcados por el crimen, las mujeres, y su amistad con Max Bercovicz, el líder de la pandilla.

Envolvente drama sobre gángsters, con una narrativa ambiciosa que cubre múltiples épocas de la vida de sus personajes. A pesar de esto, no es una película “épica”, a pesar de su duración. Su tono es más intimista, el drama está más enfocado en momentos específicos que en una única línea argumental dominante (por ello, el hecho de que durante su estreno original los productores hayan mutilado la película y la hayan reorganizado en orden cronológico resulta un irrespeto colosal a la visión del director). El foco está en las relaciones entre los personajes, no en sus planes de negocios, si bien en múltiples escenas se ven envueltos en crímenes extremadamente violentos. El guión acierta en caracterizarlos como lo que son: amorales, violentos, misóginos, y con múltiples vicios. Sus penurias, vacíos emocionales, y fuertes lazos de amistad los humanizan, sin que se conviertan por ello en antihéroes o modelos a seguir.

erase vez america direccion arte

La dirección de arte es rica y llena de detalles, que son cruciales a la hora de construir el mundo en el que se desarrolla la acción. Es el aspecto visual más destacado de la película.

El ritmo, que avanza de manera imperceptiblemente rápida, y la intrincada construcción de la historia, en la que surgen cada vez más ambigüedades a medida que se avanza en aquellos “saltos temporales”, permiten mantener a la audiencia involucrada en la acción. Dichas ambigüedades abren la posibilidad de múltiples interpretaciones del final, todas igualmente válidas. Robert De Niro y James Woods cargan con la mayoría del peso en cuanto a la parte actoral, y ambos se desenvuelven bastante bien. Destaca también Rusty Jacobs, en el papel del joven Max.

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La música del célebre Ennio Morricone juega un papel fundamental a la hora de darle a la película su carga emocional, en algunas de sus escenas más importantes. A pesar de su prominencia, no se abusa de ella, por lo que se conserva su poder. Es una de las cosas más memorables de la película.

El desarrollo de los personajes de Noodles y Max está definido por un contraste fundamental: el progresivo desencanto con la vida de mafioso del primero, y la creciente preocupación del segundo por acumular poder y riqueza. Noodles busca desesperadamente el amor de Deborah, una mujer inteligente y centrada que sabe que meterse con un tipo como él no vale la pena (el resto de personajes femeninos de la película son tratadas como meros objetos sexuales). Al no ser correspondido, prefiere entregarse de lleno a la bebida, al opio y a otras mujeres, sintiéndose atrapado, porque nunca ha conocido otro mundo. Max lo nota, pero empieza a anteponer sus negocios a su amistad, que se resquebraja.

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Y todo comienza con la aniquilación de la poca inocencia que le quedaba en unos personajes que nunca fueron inocentes, en primer lugar.

La historia de Noodles está permeada de arrepentimiento, y del dolor que le causa esta emoción. Él y los demás tratan de seguir adelante, a pesar de sus decisiones, pero el protagonista sabe que sus años mozos se les fueron mientras buscaban el dinero y descuidaban sus lazos con sus seres queridos. Al final, el tiempo que pasa no se puede recuperar, y las heridas causadas no se pueden sanar. Érase una vez en América toma lugar en un mundo de machos, en donde preponderan la amistad, el sexo, la violencia, y el poder. Pero bajo esa superficie, y permeando toda la obra, habita una profunda melancolía, por los buenos momentos que se fueron, por lo que no pudo ser, por lo que se perdió con los años. Gracias a su ambición, trasciende la mera historia de ascenso-caída de un grupo de mafiosos para convertirse en un drama muy humano.

 

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard (1950)

Joe Gillis, un aspirante a guionista asfixiado por las deudas y la falta de trabajo, conoce a Norma Desmond, una vieja estrella del cine mudo quien desapareció de la luz pública, y vive encerrada en su mansión, junto con su sirviente, Max. Desmond escribe un guión para que sea filmado por Cecil B. De Mille, y Gillis se ofrece a revisarlo y mejorarlo. Pronto, Norma convierte a Joe en su amante. Este último acepta, porque ella paga todas sus deudas, lo mantiene, y le da regalos finos.

Resulta curioso el hecho de que el personaje de Norma se queje por la introducción del sonido en las películas, diciendo que las arruinaron. El cáustico diálogo del guión ocupa un lugar central en Sunset Boulevard, dándole un tono irónico, en el cual se critica agudamente la industria de Hollywood. Hay varios elementos de la historia que parecen sacados de Drácula: un viejo palacio en donde un joven permanece recluido, una (especie de) muerta viviente atormentada por el recuerdo de viejas épocas, y un sirviente sospechoso que cumplen la voluntad de su amo hasta el final, por nombrar algunos.

sunset boulevard gothic

La mansión en donde transcurre gran parte de la película tiene una atmósfera decididamente gótica, con su decoración barroca en decadencia y sus lujos.

Hay un contraste en la manera en la que son representados los personajes más jóvenes (el protagonista, Betty), y las “figuras de cera”, aquellos actores envejecidos y olvidados. Mientras los del primer grupo actúan de forma más natural, como personas comunes, Gloria Swanson y Erich von Stroheim parecen estar personificando a dos almas en pena: la primera gesticula, vocifera, y hace muecas, mientras el segundo languidece en las sombras, estoico y callado. Los cameos de los actores de la época muda tienen igualmente un dejo espectral. La presencia de Cecil B. De Mille, a quien se le ve aún rodando películas en su vejez, no hace sino realzar este contraste, que evidencia la miseria de Norma Desmond y Max von Mayerling.

max norma monkey

Al igual que los monstruos de la tradición gótica, ellos dos también son figuras trágicas.

Siguiendo la tradición del film noir, Sunset Boulevard se regodea en mostrar el lado oscuro de la humanidad. Se nos da a entender que Gillis es un escritor de segunda categoría, que fracasa por escribir historias rebuscadas, sin sinceridad, porque “son las que la gente quiere ver”. Desprecia a Norma, pero no puede alejarse de ella por la seguridad económica que le brinda. El dinero es lo único que le interesa. Desmond ansia tanto volver a su juventud que vive representando la imagen que quiere recuperar, para evitar lidiar con el hecho de que su época de fama ya pasó, y que ella no pudo adaptarse a un mundo nuevo.  Su carácter posesivo, dominante y controlador lleva a la ruina a los hombres con los que se relaciona.

Sunset Boulevard es una sátira escalofriante, cuyo humor seco critica lo efímero de la celebridad y el materialismo de la industria Hollywoodense. Muestra un progresivo descenso hacia la locura, con una atmósfera oscura cuyos matices de horror acentúan la fatalidad de su icónico desenlace. Su singularidad la ha convertido en una de las películas más influyentes de la historia.

 

Impresiones sobre Twin Peaks: El regreso (partes 1 a 6)

Twin Peaks (2017)

Han pasado aproximadamente 25 años desde que el agente del FBI Dale Cooper desapareció en Twin Peaks. Su alma está atrapada en el Black Lodge, mientras su doppelgänger, que ha tomado posesión de su cuerpo, comete asesinatos en el mundo físico. Por otra parte, un hombre llamado Dougie Jones, con una apariencia física similar a la de Cooper, vive en Las Vegas. Al alma de Cooper se le concede permiso de salir, lo que iniciará su odisea por volver a su cuerpo. Logra salir del Black Lodge, gracias a la intercesión de extraños seres, y vuelve al mundo material, amnésico y casi catatónico. En este momento, Dougie Jones desaparece, porque “ha cumplido su propósito”. El alma de Cooper toma su lugar, y nadie parece notar la diferencia. Cooper, casi incapaz de hablar o de realizar cualquier acción por su cuenta, trata lentamente de recordar su vida. MUY lentamente.

El agente Hawk recibe una llamada de la Mujer del Leño, quien le dice que “algo hace falta”, con respecto a la desaparición de Cooper. Junto con Andy, Lucy, el sheriff Frank Truman (hermano del sheriff Harry Truman) y el ahora agente Bobby Briggs, deciden reabrir el caso, para tratar de encontrar al desaparecido agente.

Un mórbido hallazgo toma lugar en el pueblo de Buckhorn, en Dakota del Sur: la cabeza decapitada de Ruth Davenport es encontrada junto al cuerpo (igualmente decapitado) de un hombre desconocido. Las huellas de un director de escuela, que soñó con ser quien asesinaba a la mujer, se encontraron por toda la escena del crimen. Mientras tanto, en la ciudad de Nueva York, una misteriosa caja de cristal contiene un secreto siniestro, que cobra las vidas de una pareja joven. No hay rastro del culpable.

gordon cole what the hell

“WHAT THE HELL?!”

La primera impresión que provoca esta nueva serie es desconcierto. Muchos esperábamos Twin Peaks, y lo que estamos obteniendo a cambio en realidad es la película más ambiciosa de David Lynch. En 18 partes. Para televisión (Lynch ha manifestado su preferencia por este formato durante los últimos años, atreviéndose incluso a decir que “la TV es el nuevo cine arte”). Es una reinvención drástica de aquella serie de principios de los 90, a pesar de que conserva la historia y los personajes. De esto se pueden decir tantas cosas a favor como en contra.

Volver al pueblo de Twin Peaks únicamente para revivir viejas glorias, haciendo algo exactamente igual a lo que se hizo en aquellos tiempos, la condenaría a la irrelevancia (aunque a los fans tal vez nos hubiera gustado igual). Así que tiene todo el sentido del mundo el hecho de que Lynch y Frost se hayan atrevido a hacer algo diferente. Esta nueva serie es más críptica, más confusa, más escalofriante, y más explícita.

twin peaks glass box

Lynch aprovecha el hecho de que la televisión por suscripción es más laxa en cuanto a violencia y desnudez se refiere. Tal vez, dentro de su filmografía, sólo Eraserhead o ciertas secciones de Inland Empire son igual de perturbadoras.

Afortunadamente, el humor excéntrico aún está allí, para balancear los momentos más escabrosos, o hacer de ellos algo gracioso (ejemplo: vemos un enano matando gente con un picahielo mientras suena una canción de rap en el fondo). Lentamente nos van poniendo al día con aquellos viejos personajes, que resultan más entrañables todavía ahora que los vemos en su madurez, canosos y con arrugas. La serie original estaba invadida de melancolía por los seres queridos que se han ido. Aquí se percibe, aunque sólo por momentos, una sensación similar, pero más vinculada al paso del tiempo y la vejez. La actuación del reparto original tiene un dejo de añoranza, en donde resaltan las escenas que transcurren en el Departamento del Sheriff con Hawk, Andy, Lucy y hasta Bobby Briggs.

Merece una distinción por aparte el trabajo de Kyle MacLachlan, quien interpreta a las diferentes personas en las que se ha desdibujado el agente Dale Cooper. El lado analítico, racional e ingenioso del personaje ahora le pertenece al doppelgänger, quien aprovecha esas cualidades para asesinar con una frialdad y una eficiencia absolutas. El lado intuitivo, entusiasta y dulce del personaje ahora le pertenece a Dougie Jones, quien trata de recordar exactamente cómo funcionar en el mundo, con torpeza, incomprendido por quienes lo rodean, pero siempre paciente, haciendo las cosas a su manera, ignorando las opiniones de los demás. El contraste entre lo escalofriante del primero y lo ingenuo del segundo es muy bien logrado.

dougie jones coffee

Con todo, es bueno ver que algunas cosas sobre Cooper no cambian.

La disponibilidad de mayor presupuesto ha permitido ampliar el alcance geográfico de la serie, que se ha movido del entorno semirural de Twin Peaks hacia Las Vegas, Nueva York, y otras ciudades. Ver la modernización del mundo causa cierto impacto, ya que ver la acción confinada a aquel poblado del condado de Washington le daba a la serie original un aire atemporal, casi que espiritual o mágico, lejos de la contaminación del mundo contemporáneo. Pero ahora hasta en el bar del pueblo tocan varios grupos de música indie, que parecen sacados de reseñas de Pitchfork.

Hablando de música, las evocadoras tonadas de Angelo Badalamenti brillan por su ausencia (si bien el compositor realizó de nuevo la música para esta serie). Ocasionalmente aparece un número de jazz, pero, por la mayor parte, la música consiste en ambiente (que incluye en ocasiones extraños sonidos industriales), que sirve para realzar la atmósfera trastornada. Es muy sutil, en contraste con la serie original, donde el tema de Laura Palmer sonaba una y otra vez, continuamente.

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La crudeza de los efectos especiales se ve compensada por la forma creativa en la que son utilizados. Las imágenes que construyen son bastante inventivas, y en general la nueva serie brilla en cuanto a aspectos visuales.

Se echa de menos el diálogo de la serie original, que era mucho más estructurado e ingenioso, ya que aquí se recurre al típico diálogo Lynchiano, críptico, parco, obtuso e innatural (aunque, paradójicamente, con más palabrotas), que funciona a ratos. La tendencia que tenía la serie de extender las líneas argumentales hasta el límite, se ha llevado aquí hasta extremos insospechados. Y, como mencioné anteriormente, aquí no tenemos la cálida atmósfera del pueblo de Twin Peaks para distraernos de ese hecho y olvidarnos de ello. En lugar de eso, vamos de ciudad en ciudad, de escena inconexa en escena inconexa, estilo Mulholland Drive. El interés se mantiene, y los episodios enganchan, pero eventualmente la impaciencia se empieza a sentir (¿o tal vez eso era lo que el director planeaba?). En 6 episodios, la trama apenas si ha avanzado, porque ha pasado tanto, que en realidad no ha pasado nada.

Da la impresión que a Mark Frost lo hubieran relegado sólo a desdibujar los aspectos de la mitología del universo, a pesar de que, según los créditos, coescribió el guión. Con todo y lo que aprecio a Lynch y su obra, siento que a veces se le da demasiado crédito en cuanto a Twin Peaks se refiere, algunos de los mejores episodios fueron escritos por Frost, e incluso Harley Peyton y Robert Engels. La visión de Lynch prima por sobre lo que era originalmente la serie, y, en consecuencia, desaparece el melodrama, junto con esa atmósfera acogedora de pueblito pequeño, ingredientes que eran gran parte de su atractivo. De no ser por la comedia absurdista y los momentos de nostalgia, esta nueva serie caería en el mismo error que la película de Fire Walk With Me: la caída hacia la oscuridad total, sin una luz que balancee las cosas.

Con todos sus aciertos y errores, el regreso de Twin Peaks ha sido, en términos generales, satisfactorio (hasta el momento), debido a su atrevimiento, creatividad y simplemente al hecho de que, aún en esta “era dorada de la televisión”, es raro ver un producto tan intransigente, que no obedece a compromisos de ejecutivos, ni de audiencias, ni de canales, ni a mantener reputaciones pasadas, siguiendo únicamente su propio camino, haciendo algo fresco, nuevo, que verdaderamente se podría considerar a medio camino entre la televisión y el cine “de arte”.

 

 

Andrei Rublev

Andrei Rublev (1966)

Una película en 8 capítulos, que retrata la Rusia del siglo XV, una época turbulenta en donde varias facciones se disputaban el poder de la región mientras repelían a los invasores tártaros, a través de la vida (ficcionalizada) de Andrei Rublev, un pintor de íconos. Más que mostrar de manera biográfica la vida de Rublev, la película muestra sus tribulaciones, sus dudas, sus aflicciones, y todo el contexto histórico, social, y religioso que inspiró sus grandes obras.

No tiene sentido hablar de los méritos técnicos o del uso del lenguaje cinematográfico que hace esta magna obra de arte. Al hacerlo se correría el riesgo de trivializarla, haciendo descripciones incompletas que no capturan el misticismo trascendente de la película más grandiosa de Tarkovski, una exploración de la psique del artista, y en particular de la manera en que sus emociones, sus convicciones, su percepción única y particular del mundo, y su vida misma le dan forma a su obra. A través de la figura de Rublev, la película se hace preguntas sobre el sentido mismo del arte, sobre su propósito, al enmarcar la lucha por la creación artística dentro de una sociedad salvaje, primitiva, en donde el ser humano vive para sus impulsos más ruines, o para satisfacer sus necesidades básicas, al estar sumido en la miseria. La dualidad de la naturaleza humana se presenta en toda su complejidad.

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El medioevo es retratado de manera verosímil, sin convencionalismos ni efectismos que le den una apariencia arcaica o afectada, ni “distintivamente” medieval. No se rehúye de la barbarie de la época.

La examinación de dicha dualidad abre una cuestión distinta, relacionada con el sentido de la fe, y el sentido de la religión en un mundo hostil e indiferente, donde no parece haber reconciliación posible entre grupos de hombres que se matan unos a otros por el poder. Lo sagrado y lo sacro está profundamente inscrito en la obra del pintor. La fe se convierte así en parte fundamental del proceso creativo (hecho expresado de forma magistral en el último capítulo, el del muchacho que fabrica una campana). Rublev ansiaba la unidad, la reconciliación fraternal entre el pueblo ruso, que se desangraba en matanzas sin sentido, y se esmeró por reflejarla en sus pinturas. El arte se torna entonces en una búsqueda de lo ideal, de lo absoluto, de la verdad última de la existencia, algo estable en medio del caos, de manera análoga a la fe. Ambas persiguen el mismo objetivo, valiéndose del mismo fervor, sometiéndose a cuotas similares de sacrificio.

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“La humanidad ya cometió todo acto de estupidez y bajeza, y ahora no hace más que repetirlos. Todo está en un ciclo eterno que se repite, y se repite, y se repite. Si Jesús volviera a la Tierra, lo crucificarían otra vez.” – “Es claro que, si apenas el mal fuese recordado, nunca se será feliz en la presencia de Dios.”

Andrei Rublev se acerca tanto a expresar ese absoluto, que es imposible abordar a través de la examinación de sus detalles (aunque los haya, en numerosas cantidades). Bellísima, sublime, abarca una gran cantidad de ideas y tópicos pero nunca es grandilocuente ni portentosa. En sus más de tres horas de duración no hay un sólo momento aburridor. Enigmática y compleja, pero mucho más accesible que las obras subsiguientes del director, llena de asombro poético en cada una de sus imágenes, que constituyen, en conjunto, un canto lleno de esperanza que alaba los impulsos más nobles del ser humano.

Dekalog

El decálogo (1989)

Una serie de televisión de 10 capítulos, cada uno de los cuales narra una historia independiente de las otras. Todas ocurren alrededor de los residentes de un frío y austero bloque de apartamentos en Varsovia, y cada una de ellas le presenta un dilema moral particular a sus personajes, basado en cada uno de los Diez Mandamientos de la Biblia.

Resulta difícil tratar de hablar del colosal monumento que es esta serie, ya que las descripciones corren el riesgo de hacer parecer trivial su intenso poder dramático. El abogado Krzysztof Piesiewicz sugirió la idea de hacer el equivalente moderno de los Diez Mandamientos a su amigo Kieślowski, y, en conjunto, los dos coescribieron algunos de los guiones más brillantes que se han trasladado a la pantalla. Logrando un delicado balance entre dramatismo y realismo, mostrando personajes muy humanos, llenos de virtudes y defectos, que se ven envueltos en situaciones donde sus valores son puestos a prueba (frecuentemente viéndose confrontados ante la toma de decisiones éticamente cuestionables).

Pero para toda situación expuesta hay una causa, que permite no justificar, pero sí entender por qué los personajes del Decálogo actúan del modo en que lo hacen, aún cuando las consecuencias de dichas acciones sean perjudiciales. Ellos aprenden de sus experiencias, pero a los televidentes no se les sermonea con lecciones moralistas, transmitidas en un tono santurrón y condescendiente. Fue de esta manera como los creadores fueron capaces de darle vigencia a estas 10 leyes, que ante los ojos de muchos podrían parecer arcaicas y desfasadas ante la complejidad del mundo contemporáneo. Kieślowski y Piesiewicz nos muestran que, en realidad, no se quedan cortas ante nuestra cotidianidad, sino que por el contrario, resultan aún más difíciles de aplicar.

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Sin el esforzado trabajo actoral de todos los involucrados, todo lo anterior no hubiera sido posible. La melancólica música de Zbigniew Preisner aparece con sutileza en los momentos en que se necesita, para acentuar la emoción de ciertas escenas, nunca es intrusiva, y por ello resulta más efectiva.

Siendo vista como un todo, El Decálogo es magistral. Sin embargo, a la hora de examinar cada episodio en particular, hay unos que destacan por sobre los otros (en parte debido a preferencias personales). El ritmo del capítulo 2 llega a tornarse demasiado lento, y los diálogos del capítulo 8 se tornan cargantes, al haber exceso de los mismos. El episodio 5 se diferencia de los otros por sus turbios colores sepia, su tono políticamente cargado, y su atmósfera angustiosa, desesperanzadora (posteriormente fue lanzado como una película por separado).

El episodio 9, en donde el amor prevalece a pesar de dilemas aparentemente insuperables, tiene tal vez la carga emocional más profunda de la serie. El episodio 10 también destaca por no tratarse de un drama, sino de una comedia (aunque con un humor oscuro, en ocasiones hasta mórbido). El episodio 6, centrado en la soledad, y en las peculiares maneras que tienen los individuos de lidiar con ella, es mi favorito de todos (también se lanzó en versión extendida, como un largometraje aparte, del cual hablé aquí: https://estanochenohaybanda.wordpress.com/2016/12/26/krotki-film-o-milosci/).

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¿Qué representa este hombre, que suele aparecer en los momentos decisivos de la mayoría de capítulos, sin pronunciar palabra, ni intervenir en nada? ¿Una presencia divina? ¿Una personificación de destinos fatídicos?

Podrían hacerse disertaciones por separado para cada episodio, pero por el momento, no diré más del Decálogo. Una profunda, reflexiva, sobria y melancólica muestra de la lucha por la prevalencia de los valores, en medio de decisiones erróneas, secretos que pueden cambiar vidas, mentiras y duplicidad en las relaciones de pareja, culpa por cargas pasadas, perversiones, egoísmo, y todas aquellas cosas a las que sucumbimos todos nosotros, por nuestra fragilidad, ignorancia, duda, y vulnerabilidad (frecuentemente al ser víctima de las circunstancias). Una exposición de la naturaleza humana, con toda su dualidad y ambigüedad.

La La Land

La La Land (2016)

Mia, una camarera con aspiraciones actorales, se enamora de Sebastian, un pianista cuya ambición es abrir un club de jazz, pero que trabaja en eventos y restaurantes para pagar sus deudas. Ambos inician una relación amorosa, mientras persiguen sus sueños individuales. Debido a esto, su romance se pone en entredicho.

Encantadora mezcla de géneros (drama, romance, comedia, musical) que tiene diferentes grados de éxito. De impecable factura técnica, que se manifiesta en todos los aspectos de la producción, de los cuales destacan el vibrante colorido de su fotografía, el uso de planos secuencia a la hora de filmar las elaboradas coreografías que acompañan los números musicales, y las inventivas soluciones visuales como la cita de los dos protagonistas en el observatorio y la (muy bien lograda) secuencia final.

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Emma Stone hace un buen trabajo en el papel de Mia, opacando a un (considerablemente más soso) Ryan Gosling.

El problema con La La Land reside en su carácter, demasiado complaciente. Mucho se habla de sus números musicales, pero en realidad, estos son bastante limitados, en un esfuerzo para no alienar a aquellos que no son fanáticos del género (dentro de los cuales me incluyo). Por otra parte, lo único que sabemos de Mia y Sebastian es que ella sueña con ser actriz y él con abrir su club de jazz. No hay un mayor desarrollo de los personajes, todo gira en torno a sus respectivas ambiciones. Su relación no tiene mayor profundidad, se gustan, todo es bonito, y ya. Los tropiezos que surgen no tienen el impacto que deberían, porque a la final, ambos están enfocados en luchar para lograr sus triunfos personales. Aparte de esa especie de luna de miel perpetua que marca el inicio de su noviazgo, la única otra faceta de su relación que se muestra es, precisamente, el empeño por ayudarse mutuamente a alcanzar sus sueños.

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Lo que sí muestra de manera convincente la película es la dicotomía que sufre el artista en su camino al reconocimiento: permanecer fiel a sí mismo o conformarse para agradar a la multitud (todo lo que involucra al personaje de John Legend y su atroz banda de música pop disfrazada de jazz es brillante). El hecho de que esto termine afectando seriamente el noviazgo de los protagonistas ya es un indicativo que muestra lo que les importa de verdad.

Resulta casi imposible no dejarse contagiar de la magia y entusiasmo que desborda La La Land, pero bajo esta entretenidísima película no existe la obra maestra que muchos han querido ver. Pretendiendo ser agridulce, resulta siendo más dulce que agria, juguetona, divertida, ligera y muy simpática, lo que tal vez le ha traído más ovaciones de las que realmente merece.

Persona

Persona (1966)

La actriz Elisabet Vogler deja de hablar, de repente. Los doctores la han examinado, y han llegado a la conclusión de que está sana, tanto física como mentalmente, y que su mutismo es voluntario. A la enfermera Alma le es asignado el trabajo de cuidar de Elisabet, y juntas van a hospedarse en una casa de verano junto al mar, ya que según las recomendaciones médicas, Elisabet podría recuperarse mejor en aquel ambiente, alejado de la ciudad. Alma le habla constantemente a Elisabet, contándole sus ideas sobre la vida, perspectivas y metas futuras, y, eventualmente, sus secretos más oscuros. Pero ella no responde palabra alguna, y pronto Alma empieza a ver su identidad entremezclada con la de Elisabet.

Se han escrito infinidad de cosas sobre esta película, una de las más experimentales del director sueco, y simultáneamente, una de las más aclamadas, al punto de que es ampliamente reconocida como una de las mejores de la historia. La naturaleza fragmentada de la psique humana es llevada a la pantalla por medio de frecuentes planos de rostros sobrepuestos, planos de rostros en donde una mitad está iluminada y la otra oscurecida (impresionante el trabajo de Sven Nykvist en la fotografía), imágenes abstractas, y un guión progresivamente desorientador, al que le dan vida de manera descarnada e intensa Bibi Andersson y Liv Ullmann, en las que probablemente sean las mejores actuaciones de sus carreras (lo cual ya es mucho decir, considerando el alto nivel que han mantenido siempre estas actrices).

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El resultado final es una obra densa, ambigua, de la cual se pueden extraer múltiples interpretaciones.

Persona puede ser vista, fundamentalmente, como una película sobre la construcción de la identidad. El ser humano es una criatura compleja, llena de contradicciones, de contrastes, de lados claros y oscuros, que frecuentemente actúa de maneras que no pueden ser comprendidas por la razón, guiado por el impulso. El miedo a mostrarse, a dejarse ver, a no ser percibido como normal, puede llevar a alguien a crear y asumir múltiples personas, como un actor (esta puede ser una de las razones por las que Elisabet Vogler es, precisamente, una actriz), para amoldarse a las situaciones, adaptarse ante los que lo rodean en un momento o circunstancia determinada.

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“Elisabet, entiendo por qué no te mueves ni hablas. Tu falta de vida es tu papel más fantástico. Deberías representar este papel hasta el final, hasta que ya no sea interesante. Entonces podrás dejarlo, como dejas tus demás papeles.”

Todas las cosas que esconde Elisabet salen a la luz en la figura de Alma (a medida que avanza la película, se insinúa con cada vez más fuerza la idea de que las dos mujeres son en realidad una y la misma), quien, a diferencia de Elisabet, habla, habla y sigue hablando, dando a conocer los detalles más íntimos de su personalidad, de su vida, y hasta de sus inusuales comportamientos sexuales, anhelando ser escuchada, ser comprendida. El conflicto entre las dos mujeres puede ser visto como una lucha interna, en la que diferentes aspectos contradictorios de una personalidad se enfrentan, sin poder conciliarse, y sobre los cuales la presión social externa ejerce una gran influencia, reprimiendo, forzando, imponiendo o incentivando ciertos tipos de comportamiento (hay lecturas feministas de la película que resaltan el hecho de que las dos mujeres rehúsan el rol de madre, impuesto socialmente). Elisabet, en últimas, no puede huir de sí misma, como pretendía.

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Compleja y enigmática (pero lejos de ser impenetrable o incomprensible), Persona tiene la naturaleza de un rompecabezas, que casi que pide ser armado. Cada espectador puede encontrar algo distinto en la película, dependiendo de su perspectiva, y desde la mirada en la que la aborde. Su estatura es justamente reconocida.