Lo and Behold: Reveries of the Connected World

Lo and Behold: Reveries of the Connected World (2016)

Werner Herzog entrevista a múltiples personalidades que influyeron sobre el desarrollo de la Internet y la inteligencia artificial, con el fin de presentar la historia, evolución, impactos tanto positivos como negativos, y perspectivas a futuro de estas tecnologías.

El impacto que ha causado la Internet sobre la existencia humana está haciéndose cada vez más evidente, y en el futuro, dicho impacto no sólo será mayor, sino que tendrá implicaciones mucho más inquietantes. Herzog decide abordar un tema tan amplio y complejo desde diferentes perspectivas, dividiendo el documental en 10 capítulos. Si bien esto le quita algo de cohesión a la película como un todo, le permite al espectador ver tanto las fascinantes posibilidades del Internet como los peligros y perjuicios que puede causar. Sin emitir juicios definitivos, ni sentencias, incita más a hacerse preguntas que a responderlas. Herzog logra empatizar de una manera particular con sus entrevistados, lo que enriquece el contenido y las ideas que emergen de las entrevistas. Sus inusuales apuntes, que frecuentemente desconciertan a los entrevistados, resultan tanto divertidos como ingeniosos.

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“Espero que tengamos un equipo de robots lo suficientemente competente, listo e inteligente para derrotar a los campeones mundiales de la FIFA en 2050.” – “¿Mejores que Messi, Ronaldo o Neymar?” – “Suena difícil, pero lo podemos lograr.”

No resulta exagerado decir que Internet ha modificado de manera inexorable la manera como el hombre se relaciona con sus congéneres y con el mundo que lo rodea. Grandes ideas pueden surgir en medio de comunidades virtuales, la difusión instantánea de la información permite estar más consciente de los sucesos a nivel global, y las nuevas tecnologías pueden facilitar la vida de innumerables maneras. Sin embargo, la inmersión en estos mundos virtuales puede dar pie a la creación de fantasías solipsistas que pueden causar serios daños a una persona, o pueden usarse para difamar, esparcir información falsa, o secreta. Consciente o inconscientemente, el ser humano puede utilizar esta plataforma digital para hacer el mal, lo cual resulta alarmante, dado que, sin notarlo, nuestra sociedad moderna es cada vez más dependiente de la misma. Cada vez dejamos muchas más cosas sobre nosotros mismos en la red. ¿Y si la tecnología en que hemos depositado tanto de nosotros comienza a pensar por sí sola? ¿Qué riesgos podría acarrear para nosotros como especie el jugar a ser dioses, por medio de la creación de conciencias artificiales?

A nivel netamente personal, mi conclusión es que las herramientas digitales deben ser usadas con precaución. A pesar de sus posibilidades aún no descubiertas, los riesgos (desde la dependencia de las mismas, pasando por la alienación social, hasta el uso de información extraída de Internet para ejecutar actos terroristas o de guerra) de estas tecnologías no han sido adecuadamente dimensionados. Sin embargo, los maravillosos sucesos que han sido posibilitados por la Internet impiden rotundamente el condenarla. Tal vez sea mejor admirarla con reverencia, desde una distancia, como lo hace Lo and Behold.