Låt den rätte komma in

Déjame entrar (2008)

En el frío suburbio de Blackeberg, en Estocolmo, vive un niño llamado Oskar, un niño solitario, víctima del acoso escolar. Los abusos que sufre en la escuela, sumados a su mórbido interés por coleccionar reportes de prensa sobre muertes violentas, alimentan sus deseos de venganza, así como su aislamiento, pero nunca hace nada ante esta situación. Una noche, una misteriosa niña llamada Eli se muda a su vecindario, junto con un hombre mayor, Håkan. Mientras Eli (quien sólo aparece de noche, nunca tiene frío, y desprende un olor raro) se hace amiga de Oskar, una serie de asesinatos sacude la tranquilidad del gris y aburrido suburbio.

Déjame entrar tiene una naturaleza dual, en donde los extremos del terror y el romance conviven armoniosamente, balanceados por el guión de John Ajvide Lindqvist, autor de la novela en la cual está basada. Hoyte van Hoytema se vale de fluorescentes y bombillas artificiales para crear una luz fría, helada, neutra, a la cual se le aplican efectos de difusión, para suavizarla, haciendo que las sombras sean más tenues y menos delimitadas. Los movimientos de la cámara, cuando los hay, son mesurados, se recurre más a planos fijos. El ritmo, por consiguiente, es un tanto pausado. Estas elecciones estilísticas le dan a la película una atmósfera tensa, pero nostálgica y profundamente melancólica.

let the right one in

Dicho uso de la luz mantiene consistente el tono ambiguo de la película, tanto en las escenas violentas como en las más intimistas.

Los efectos sonoros, y en particular los ruidos que hace Eli cuando succiona la sangre de sus víctimas, son muy efectivos, y causan gran impresión. La música tiene un carácter triste pero esperanzador, y su uso en las escenas más emocionales resulta acertado. Los dos protagonistas, Kåre Hedebrant y Lina Leandersson, hacen un gran trabajo en sus papeles, retratando a niños solitarios, alienados, con deseos oscuros, pero también deseando amar y ser amados. Logran captar todos estos matices de manera sutil y efectiva. La decisión de doblar la voz de Leandersson, mezclándola con la de una actriz mayor, en aras de hacer que su personaje parezca más amenazador, fue correcta. Los efectos visuales a veces funcionan, pero a veces se quedan un poco cortos, resulta muy notorio el uso de imágenes generadas por computador.

oskar eli

“Yo no mato gente.” – “No. Pero te gustaría, si pudieras. Para vengarte. ¿Cierto?” – “Sí.”

Una historia sencilla, que es capaz de explorar a profundidad temas como las consecuencias del aislamiento en la psique de los individuos, la crueldad del abuso escolar y la manera como olímpicamente se pasa por alto como un juego de niños, la indiferencia de las figuras paternas, el alcoholismo y la depresión. La transgresiva relación amorosa (en dos niveles: por una parte, Eli es en realidad un niño transgénero, por otra parte, es un vampiro que debe alimentarse de la sangre de víctimas humanas para sobrevivir) entre los dos marginales protagonistas es su refugio, su salvación. Por ello, adquiere una trascendencia que la hace muy especial.

dejame entrar

Bajo la crudeza, bajo la oscuridad que rodea el ambiente, bajo el frío que hiela hasta los huesos, bajo las escabrosas muertes (que, a pesar de todo, son mostradas de manera restringida, con mucha moderación y sin entrar en los detalles de cómo sucedieron), Déjame entrar está llena de dulzura, ternura, ingenuidad y calor humano, por lo que difícilmente se le podría llamar una película de terror (aunque, para ser justos, el cine de vampiros hace mucho tiempo dejó de pertenecer a este género). Una creativa inserción de elementos específicos del folclor vampírico dentro de un contexto suburbano moderno.

Advertisements