Journal d’un curé de campagne

Diario de un cura rural (1951)

Un joven sacerdote llega al pueblo de Ambricourt, en donde no es bienvenido por los hostiles campesinos. Anota todas sus vivencias y experiencias en su diario. Ayuda a unas cuantas almas perdidas a recobrar la fe en Dios, pero pronto descubre que una enfermedad estomacal lo está matando.

Personalmente encuentro muy difícil de valorar esta película. En cuanto al aspecto visual, es extremadamente simplificada. Sólo se muestran en pantalla los elementos esenciales de lo que se quiere contar. La realidad es abstraída hasta el límite, pero dicha abstracción ha sido planeada y calculada hasta el más mínimo detalle. La economía de medios visuales contrasta con el exceso del uso de la palabra, creando un efecto de choque. Las austeras imágenes son soportadas con una efusiva narración en voz en off, que permea la mayoría de las escenas (junto con los extensivos diálogos). Todo artificio que pudiera engañar al ojo es desechado, con el fin de revelar la verdad interna de los personajes.

cura rural

Resulta notorio el hecho de que la cámara frecuentemente se acerca al protagonista, para mostrar sus luchas internas.

El carácter “espiritual” de la película se enfatiza por el hecho de que no haya actuación convencional. La emoción no se muestra a través de gestos y lenguaje no verbal, sino de lo que implica tanto la imagen como el diálogo y la música (Bresson procuraría eliminar su uso al máximo en sus obras posteriores, en las cuales depura su estilo muchísimo más, pero francamente, la música de Diario de un cura rural me parece bellísima).

cura rural 2

“No, no he perdido la fe. La crueldad de mi pena, su violencia, ha turbado mi razón, mis nervios. Pero sigo teniendo fe, la siento.”

En esta película, el director francés muestra por primera vez su estilo particular. Ansioso de darle al cine un lenguaje propio, alejado del “teatro filmado”, termina, paradójicamente, acercándolo a la literatura. Diario de un cura rural es marcadamente literaria, y no solo por el hecho de que sea la adaptación de una novela. No se le pone un freno a la palabrería, que termina por abrumar el resto de la película, haciéndola difícil de ver (más cuando el espectador no sabe francés). En ocasiones es hasta redundante. El mensaje de la película (sobre la capacidad de la fe para reconfortar las almas perdidas, y hallar la gracia divina en las cosas mundanas de todos los días) queda refundido entre tanta verborrea.

A pesar de su gran defecto, la película no es impenetrable, por el contrario, es muy atrapante, ya que su estilo sencillo le apunta a expresar algo más profundo, algo que no se ve, pero que se siente, que está ahí. Ahí reside su belleza, en la capacidad de encontrar la trascendencia en un ambiente hostil y apagado.

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