Kladivo na čarodějnice

El martillo de las brujas (1970)

Es el año 1670. Cuando una anciana roba una hostia de la iglesia para vendérsela a una campesina, un joven sacerdote de una ciudad en Moravia entra en un estado de alerta, ya que piensa que las dos mujeres son brujas. Para deshacerse de la presunta amenaza, trae a Boblig von Edelstadt, un inquisidor, que empieza a condenar mujeres inocentes, acusándolas de brujas, sin mayores argumentos que las “evidencias” presentadas en el Malleus Maleficarum, y las confesiones que las mismas acusadas inventan luego de ser sometidas a torturas extremas. Pronto el inquisidor sume al pueblo en un estado de paranoia y miedo, por medio de sus constantes juicios contra brujas. El compasivo clérigo Kryštof Lautner critica los métodos inhumanos de von Edelstadt, e intenta poner al resto del clero en contra del inquisidor, pero éste planea deshacerse de Lautner.

El martillo de las brujas no es una película fácil de ver. Sus escenas de desnudez femenina y cruentas torturas medievales debieron haber resultado bastante atrevidas para su época, e incluso ahora, algunas de ellas siguen causando impresión. La historia es predecible, y el espectador puede inferir fácilmente en qué va a acabar, más los realizadores se aprovechan de este hecho, dotando a la película de un ritmo lento, que acentúa la idea de perdición inescapable a la que están sometidos todos los personajes (menos el inquisidor, obviamente) desde el principio. Su prolija estética barroca, evidente en la fotografía a blanco y negro, la riqueza de los decorados y vestuarios, y la música (que abarca desde cuartetos de cuerdas hasta marchas militaristas), tiene un tinte sombrío y macabro.

boblig

La actuación por parte de Vladimír Šmeral, quien encarna al perverso y sádico inquisidor, es destacable.

Pueden hacerse varias lecturas de la temática de la película. En un nivel más “inmediato”, se puede ver la cacería de brujas como una persecución sin fundamento, guiada por la superstición, a través de la cual el inquisidor busca ganar poder y riqueza, dividiendo a una población confundida por el terror, que empieza a inculparse y acusarse entre sí. En un segundo nivel, se encuentra la opresión hacia la mujer, ejercida por las autoridades religiosas masculinas, que la ven como un objeto y vehículo del pecado. Todas se ven obligadas a confesar su fornicación con los demonios, lo que legitima y perpetúa esta concepción.

lautner zuzana

El padre Lautner y Zuzana también se hallan oprimidos por las convenciones sociales y religiosas a las que deben someterse, dado que, a pesar de que han tenido relaciones sexuales, y existe un deseo latente entre ambos, no pueden casarse ni consumar su relación “pecaminosa”.

Por otra parte, existe otra lectura, más alegórica, que tiene en cuenta el contexto sociopolítico en el que fue grabada la película. La cacería de brujas se convierte en una metáfora para las farsas judiciales llevadas a cabo por los regímenes comunistas que dominaban Europa del Este en aquella época, que buscaban eliminar toda oposición al Partido, con pruebas falsas, sin mayor argumento que una serie de dogmas e intuiciones, del mismo modo que lo hacía el inquisidor. Independientemente de la lectura que se realice, pueden verse las palabras del monje encapuchado que describe los atributos de las brujas y sus poderes, como una denuncia, que inicialmente se refiere a las brujas, pero que finalmente termina describiendo el comportamiento de Boblig.

quema brujas

“Padre, no perdones nuestros pecados. Ni los suyos, ni los míos. Porque en tu nombre hemos pecado contra el hombre.”

El martillo de las brujas es tortuosa y angustiante, a pesar de sus fallas (en el tramo final el interés empieza a disminuir, y es verdad que a veces es demasiado cruda). Resulta interesante si se la aborda tanto desde su sentido literal como desde su sentido alegórico.

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