The Wolf of Wall Street

El lobo de Wall Street (2013)

La historia de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que se hizo multimillonario con su compañía Stratton Oakmont, vendiendo acciones a un precio mucho más alto del que tenían en el mercado, por medio de tácticas agresivas de venta orientadas a convencer a los clientes de comprar, sea como fuere. Belfort y sus empleados, aparte de vivir como reyes, gastaban gran parte de su fortuna en prostitutas, drogas y fiestas descontroladas. Pero cuando el FBI les sigue la pista, las cosas se complican para todos los involucrados en Stratton Oakmont.

Controvertida película biográfica en donde Scorsese revisita algunos de sus temas habituales, exagerándolos hasta el extremo de la caricatura. El título tiene connotaciones casi metafóricas, porque a lo largo del film se exponen algunas de las conductas más bajas, animalísticas y bestiales del ser humano, en un festín casi interminable de la degradación. Belfort, luego de ser apodado como “el Lobo”, se refiere a sus empleados como “sus asesinos” o “su jauría”. Son gente completamente deshumanizada por la codicia y el deseo de obtener cada vez más dinero.

El exceso es el corazón mismo del Lobo de Wall Street: dura 3 horas (pero su ritmo, casi videoclipero, hace que se pasen en un santiamén); tiene numerosos y prolongados travellings en donde se muestra el ajetreo, la fastuosidad y la decadencia del mundo de Belfort, siempre con él al frente de todo; una narración en off imparable, casi que intrusiva, en donde el protagonista nos “vende” a la fuerza su visión de mundo; unos personajes que hablan usando un lenguaje soez en extremo mientras van de orgía en orgía; teniendo sexo con prostitutas de gama alta, media y baja, usando drogas experimentales y/o vencidas, haciendo estragos dentro de las propias oficinas, mientras suenan de fondo canciones de rock para animar la fiesta.

dicaprio wall street

Liderando el desfile de la depravación está un histriónico Leonardo DiCaprio en el papel protagónico, en el que vocifera, gesticula, da discursos, y exagera su interpretación para efecto cómico.

Al hacer una lectura superficial de El Lobo de Wall Street, se puede llegar a la conclusión de que es una obra nauseabunda, que no hace sino glorificar la vida de un individuo despreciable. Esto ignora el hecho de que Belfort cuenta su historia desde su perspectiva, la de un hombre egocéntrico, codicioso, con delirios de grandeza, sin ninguna consideración por los demás (deliberadamente se omite cualquier alusión a las víctimas de los esquemas fraudulentos de Stratton Oakmond). A estos hombres millonarios se les ridiculiza mostrándolos como unos completos degenerados, sin ninguna virtud ni valor moral que los redima. A esto contribuye el humor pueril y grotesco (pero efectivo) que domina la película.

belfort dinero

“Verás, el dinero no sólo te compra una mejor vida, mejor comida, mejores carros, mejores mujeres. También te hace mejor persona. Puedes hacerle una donación generosa a la iglesia o partido político de tu preferencia. Puedes salvar al puto búho moteado con dinero.”

El Lobo de Wall Street es una crítica bastante irónica (pero nada sutil) al sistema capitalista, en donde el dinero no sólo es la droga más adictiva de todas, sino que se hace indispensable para la subsistencia. No sólo Belfort es adicto. Todos los que invierten en Wall Street lo son, porque esperan ver multiplicadas sus ganancias en proporciones irreales y conseguir más plata de la que ya tienen. Los corredores de bolsa saben que tal cosa es imposible, que toda esa fortuna de los inversores es algo que existe sólo en el papel, pero se aprovechan de esto para prometerle a sus clientes rentabilidades más altas y ganarse jugosas comisiones. Su negocio es motivar a la gente, echándoles el cuento de la “independencia financiera” y de que es posible tan ricos como ellos, si hacen lo que ellos dicen. Engañan para quitarle a los demás lo que tienen, y conseguir un beneficio propio. Porque así funciona el sistema. Nadie se hace rico trabajando honestamente. Hay que hacer trampa para poder ganar más, sin parar, hasta tener tanto dinero que no se sabe qué hacer con él.

lobo despedida soltero

Y en últimas, los personajes viven persiguiendo sus sueños de ambición para no hacer otra cosa que convertirse en bestias que tragan, follan, y se intoxican todo el tiempo, sin parar, sin tomar un descanso, haciendo del exceso lo habitual, volviéndolo una rutina, casi que irrisoria.

La película resulta incomprendida, porque su mayor atractivo es, a su vez, su gran defecto, dependiendo de la perspectiva que tenga quien la vea (claro que lo mismo se podría decir de todas las películas, pero en fin). Busca generar una sensación de hastío en la audiencia. No toma un punto de vista moral con respecto a lo que presenta (prefiere darle herramientas al espectador para que lo haga), eligiendo simplemente dotar a las situaciones de una comedia tan cruda y repugnante como hilarante e histérica. El hecho de que exista gente que idolice a Belfort, quiera vivir como él, y esté de acuerdo con su visión de mundo simplemente es otro reflejo de lo enfermos que estamos como sociedad, a nivel global. Porque él es nada más ni nada menos que el criminal más perverso, rico y poderoso que ha mostrado Scorsese en alguna de sus películas. No necesita recurrir a la violencia física, su única arma es su lengua. Y con ella roba más que ninguno.

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After Hours

After Hours (1985)

Paul Hackett trabaja en un enorme edificio de oficinas en Nueva York y tiene el insignificante cargo de procesador de palabras. Al salir de la oficina, conoce a Marcy Franklin en un café. Los dos quedan para una cita más tarde en el apartamento de Kiki, una escultora amiga de Marcy, la cual será el inicio de una serie de extrañas, descabelladas y desesperadas aventuras que vivirá Paul esa noche.

Una de las películas más particulares de Scorsese, a pesar de la aparición de elementos recurrentes en la filmografía del autor como la ciudad de Nueva York, o la soledad masculina. Surgió a partir del guión de un estudiante de cine, Joseph Minion. Dicho guión es lo mejor de la película. Las situaciones aparentemente normales que se presentan al principio van tornándose cada vez más alocadas, haciendo gala de un humor negro finísimo. Uno podría pensar que Minion pudo haber tenido una brillante carrera como guionista, pero por desgracia, resultó que los primeros 30 minutos de la película eran un plagio casi literal de un monólogo de Joe Frank, lo que le acarreó ciertos problemas legales.

marcy after hours

“I feel like something incredible is really gonna happen here.”

Otro triunfo de After Hours es su logradísima atmósfera nocturna. Viéndola uno realmente se siente como vagando en la ciudad a altas horas de la noche. La iluminación es apropiadamente tenue, y la música está muy bien escogida (tanto la de ambiente como las canciones de música popular que introduce Scorsese). El hecho de que fuera filmada en las lluviosas calles del mismo barrio SoHo de Manhattan en donde toma lugar la acción ayuda a su verosimilitud. Griffin Dunne hace un muy buen trabajo en el papel de Paul, un tipo común y corriente con el que todos nos podemos identificar, que lentamente empieza a desesperarse cada vez más al no poder volver a su casa. El protagonista parece regido por la ley de Murphy.

soho after hours

“What do you want from me? What have I done? I’m just a word processor, for Christ’s sake!”

Un desfile de las figuras más particulares se sucede en la película. Mujeres atormentadas, artistas con estilos de vida alternativos, punks, funcionarios públicos insolidarios, taxistas groseros, camareras de bar desencantadas, vecinos paranoicos… Ninguna de estas personas se deja ver durante el día, donde todo es normal en Nueva York. Es en la noche, luego de que cierran casi todos los locales, y la ciudad está vacía, en donde emergen a la superficie.

Por ello, After Hours es tan hilarante como angustiante. Hay algo oscuro que subyace bajo lo cómico. La improbable mezcla de humor y suspenso funciona de maravillas. Casi se puede establecer un paralelismo entre ésta película y Taxi Driver, si bien la que nos ocupa es mucho menos sórdida, y está mucho menos preocupada por su temática, al ser, en palabras del director, “un ejercicio de estilo”. Esto no hace inferior a After Hours, la cual de hecho, es una de las obras más infravaloradas y entretenidas de Scorsese.

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