En la ciudad de Sylvia

En la ciudad de Sylvia (2007)

Un hombre vuelve a la ciudad donde conoció a una mujer de la que se enamoró, seis años atrás, para tratar de encontrarla.

La atmósfera veraniega y soñadora de esta meditativa película es construida cuidadosamente. Predominan los colores dorados, beige, verde, y marrón. La cálida luz del sol ilumina la ciudad. El diálogo es mínimo, casi inexistente. Los sonidos de la ciudad vienen y van, sin arrebatarle nunca el lugar al silencio. Las composiciones de los planos son impecablemente cuidadas. A pesar de que se construye una cierta tensión, que va continuamente en aumento, el ritmo nunca deja de ser pausado, tranquilo.

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Durante el primer tercio de la película se usan varios planos fijos de rostros de mujeres, que ilustran de manera poética la búsqueda del protagonista, que trata de encontrar a Sylvia en todas las mujeres que ve.

El contraste entre el uso de estos planos fijos y el uso de planos secuencia más prolongados durante aquella porción de la película en la que el protagonista persigue a la mujer de rojo es lo que genera esta tensión. La sensación de voyeurismo, que siempre está presente, se intensifica, se hace más fuerte a medida que él se acerca a ella (ni hablar de cuando él espía a otra mujer distinta por la ventana, la cual está de espaldas, en ropa interior, secándose el pelo). Adoptamos la perspectiva de él, que persigue con vehemencia a la mujer que tanto ha esperado, soñado, imaginado.

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“Es muy desagradable que te sigan por la calle”.

En la ciudad de Sylvia retrata una fijación netamente masculina, aquella de atrapar a la mujer que se fue, tratando de hallar su semejanza en otras, construyéndola en base a recuerdos, haciendo bocetos para rememorar su apariencia. Él permanece constantemente acudiendo a su memoria, el único lugar en donde está Sylvia, a quien nunca ha olvidado, a quien siempre ha tratado de encontrar. Ese es su ideal, y él vive sin tener una percepción auténtica de la realidad, buscando alcanzarlo. Él es de los románticos peligrosos que no sólo piensan en su sueño, sino que toman acciones para hacerlo realidad, sin importar si son extrañas e inquietantes. Su falta de perspectiva le impide ver que lo más probable es que no encuentre lo que busca, y que su obsesión solo terminará haciéndole un mal. La confrontación entre las fantasías del protagonista, su manera de actuar, y la realidad, hacen el clímax perfecto para la película.

Turbulentas pasiones sin cumplir se agitan bajo la naturalista, silenciosa y sencilla superficie de En la ciudad de Sylvia. La sutileza de los medios que utiliza el director español para sugerirlas les confiere un poder tremendo. Una película alejada de lo convencional (no tiene mucho de drama, y no se le podría considerar un romance), dotada de una frágil belleza peculiar.

Tren de sombras (El espectro de Le Thuit)

Tren de sombras (El espectro de Le Thuit) (1997)

La madrugada del 8 de Noviembre de 1930, el abogado parisino Gèrard Fleury salió en busca de la luz adecuada para completar una filmación paisajística en torno al lago de Le Thuit. Ese mismo día falleció en circunstancias aún no esclarecidas. Poco antes realizó una de sus modestas producciones familiares, la que accidentalmente sería su última película.

Una exploración sobre el paso del tiempo, que plantea al cine como un “preservador de la memoria”. La alternancia entre películas a blanco y negro (deliberadamente deterioradas, llenas de rayones, y manchas, con el fin de conseguir una mayor verosimilitud, al hacer que parezcan filmadas en la década de los 30), y película a color, es la base sobre la cual se construye dicho efecto del paso del tiempo. Las películas viejas están llenas de vida y movimiento, y en ellas la acción se desarrolla a un ritmo acelerado, pero se ven grises y decaídas. Las películas nuevas están llenas de color, pero sumidas en la quietud, el tiempo a duras penas avanza. La obra tiene una atmósfera espectral.

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El contraste entre pasado y presente es una parte fundamental de la película.

El soundtrack usa obras de varios compositores clásicos, las cuales se ajustan perfectamente al contenido de las diferentes piezas de películas caseras. El silencio, los sonidos de la cinta rodando en el proyector, y los leves efectos sonoros de las secciones del presente también crean un efecto de choque. Progresivamente se van deconstruyendo las modestas producciones de Fleury, con el fin de resaltar situaciones no aparentes a simple vista. Es así como se revelan un par de diminutos detalles sobre su familia, sin embargo, la vida (y la muerte) de este personaje siguen siendo un enigma. El cine puede ser un preservador de la memoria, pero se deteriora, se distorsiona, no es permanente, es incompleto.

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Inaccesible y por momentos fatigante (a veces el film se pierde en su contemplación y el ritmo sufre como consecuencia de ello), sin embargo, dada su cuidadosa construcción, su belleza estética (en cuanto a fotografía es insuperable, gracias a sus meticulosas composiciones y su iluminación, ya radiante, ya llena de sombras), y su originalidad, resulta bastante destacable. Al mismo tiempo, sirve como un homenaje al cine mudo, su magia, su manera de contar historias y de retratar situaciones.