Le fabuleux destin d’Amélie Poulain

Amélie (2001)

Amélie es una mesera tan tímida y solitaria como linda y llena de imaginación. En el día de la muerte de la Princesa Diana, descubre una caja con juguetes de hace décadas. Al entregársela a su dueño, y ver que esto causa un impacto positivo en su vida, Amélie decide pasar sus días haciendo felices a los demás. Pero cuando conoce a un chico que colecciona las fotos que la gente va desechando en las fotocabinas, no sabe cómo acercarse a él. Aunque ella está fascinada por él, prefiere acercársele con juegos y pistas escondidas en lugar de hablarle directamente.

Resulta curioso el hecho de que una película como esta genere reacciones tan vehementes entre quienes la han visto. Por un lado, están quienes la adoran, exaltándola como una obra de arte suprema, y por otro lado están quienes detestan su idílica representación de París, y a su protagonista singular. Considero que criticarla porque es demasiado juguetona y fantasiosa está fuera de lugar, porque la película hace un trabajo exitoso a la hora de presentarnos el mundo a través de los ojos de Amélie.

audrey tautou

Quien desarrolla una imaginación activa y una manera optimista de ver el mundo precisamente para lidiar con los traumas de su niñez.

Pero también creo que alabarla como una película super original y única tampoco es adecuado. Tiene un referente clarísimo en La doble vida de Verónica, de Krzysztof Kieślowski. Por nombrar los nexos más evidentes, ambas películas tienen como protagonista una francesa bellísima, ambas tienen una paleta de color inundada de rojo, verde y amarillo (que evoca una extraña calidez), y ambas hablan de un hombre y una mujer encontrándose el uno al otro a través de estratagemas y pistas. La edición, en ocasiones frenética, así como la narración que parece saber todo sobre los personajes, y lo cuenta de manera casual, así como el rompimiento del cuarto muro, recuerdan las películas de Godard. Pero como bien dice éste, “no es de dónde se toman las cosas, sino hacia dónde se llevan.”

amelie

Jeunet básicamente toma todos estos elementos visuales y narrativos, los hace más extravagantes, y les echa toneladas de azúcar encima, creando un mundo de cuento de hadas. Lo peor es que funciona.

Amélie dice mentiritas piadosas, manipula y hace travesuras, con tal de hacer feliz a todo el mundo. Se podría decir que tanto película como protagonista siguen el mismo modus operandi, porque su encanto es irresistible, a pesar de que lleva cierta carga de artificio. Si bien el humor funciona la mayor parte del tiempo, la historia de amor se siente muy ligera. Lo único que le da algo de peso es la interpretación de Audrey Tautou, quien, dicho sea de paso, es la clave del éxito de la película. Que sí, que su personaje es muy dulce y aniñado, pero tiene el carisma suficiente para no volverse insoportable. Entre otras cosas, su ansiedad social es retratada de manera convincente, y su faceta de estratega pícara demuestra que no es nada ingenua.

amelie disco

La música de Yann Tiersen es muy efectiva, si bien llega a tener un dejo sentimental que por poco llega a chirriar. Con todo, resulta difícil de creer que no la hayan compuesto exclusivamente para la película.

Amélie ensalza el poder de la imaginación para escapar de una cruda realidad, habla de la importancia de servir a los demás, pero sin dejar de lado las propias necesidades, y se divierte con los pequeños placeres de la vida. A pesar de su cursilería, y de sus otras limitaciones (como una falta de cohesión en el argumento), es muy divertida, dulce y encantadora. El espectador tiene dos opciones: verla por lo que es y dejarse llevar (en cuyo caso la disfrutará, le subirá el ánimo más que cualquier antidepresivo, y le tocará las fibras del corazón) o rechazar su mundillo donde todo es bonito y, donde a pesar de las penas, siempre se puede ser feliz (lo que hará que verla sea como una tortura medieval). Yo elegí la primera opción.