Žert

La broma (1969)

Ludvik Jahn es expulsado del Partido Comunista por una broma que le hace a una muchacha que le gusta. Es enviado a trabajar en las minas durante muchos años. Décadas después de salir, vuelve a su pueblo natal, para buscar venganza de su antiguo amigo Zemanek, quien fue el encargado de expulsarlo del partido. Para ello, seduce a su esposa, Helena.

Una mordaz crítica contra el totalitarismo del sistema comunista, igual que la novela de Milan Kundera en la que está basada (quien coescribió el guión). Se vale del montaje para interconectar varias líneas de tiempo paralelas, creando una narrativa no lineal con un efecto discordante, casi caótico, al cual le da orden la voz en off de Ludvik, quien narra los acontecimientos. La música es usada de manera deliberada e irónica, contrastando canciones que hablan de alegría y libertad con escenas de opresivos trabajos forzosos.

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En el presente, Ludvik asiste a una “ceremonia de bienvenida” en donde inician a los niños en el camino del Partido. En el pasado, Ludvik es expulsado del partido, y sufre el desdén de su novia y sus amigos. A través de opposing shots algo inusuales, el pasado y el presente se hacen uno solo.

La película es bastante explícita en su crítica al totalitarismo, que anula la libertad de los individuos, obligándolos a seguir una ideología hasta el punto en que se convierte en un dogma. Uno de los personajes se suicida porque prefiere la muerte antes que vivir fuera del Partido, que se vuelve una especie de religión. Incluso las tradiciones folklóricas como la música y las celebraciones, asimiladas por el partido, se distorsionan, pierden su sello distintivo, y se vuelven homogéneas. Por otra parte, el protagonista es un hombre muy cínico, cuya vida se vuelve un chiste absurdo por culpa de su egocentrismo y sus malas decisiones. No está dispuesto a olvidar la injusticia que sus antiguos amigos cometieron contra él, pero, luego de tantos años, su venganza queda reducida a nada, porque Zemanek no le pide disculpas por haberlo echado, y en el proceso sólo hiere profundamente a una mujer inocente.

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“Aún no los has perdonado. Culpas a toda la humanidad. Un mundo sin perdón… es el infierno.”

En contra de La Broma se puede decir que avanza demasiado rápido, omitiendo múltiples detalles en cuanto a la caracterización de los personajes y el despliegue de la historia. Dura tan solo una hora y diecisiete minutos, pero si se hubiera tomado las cosas con más calma, hubiera llegado a ser una obra más redondeada, más completa. Probablemente llegue a desconcertar incluso, más para quien no conoce la novela. Aún así, su carácter frenético hace que la denuncia que hace del régimen sea más enfática, más llena de sorna. Sus experimentos estilísticos son llamativos y efectivos, a pesar de que puedan parecer algo obvios. Una curiosidad, que debería interesar a los espectadores que buscan películas que ataquen el extremismo político.