A Serious Man

Un hombre serio (2009)

Larry Gopnik es un profesor de física en una universidad. De repente, le ocurren múltiples desgracias al mismo tiempo. Su mujer quiere divorciarse de él para casarse con un amigo suyo, su hijo le roba dinero a escondidas suyas para comprar marihuana, uno de sus estudiantes amenaza con demandarlo si lo hace reprobar una materia, su inútil hermano, que está en la quiebra, lleva viviendo ya bastante tiempo con él y su familia, y su puesto de profesor en la universidad tiene un futuro incierto. Intentando buscar la respuesta a todas estas vicisitudes, consulta a tres rabinos, con la intención de seguir más estrictamente la fe judía.

Irregular película que, sin embargo, mantiene ese aire distintivo que caracteriza al estilo del “director de dos cabezas”. Los diálogos son tan agudos como siempre, el humor negro de las situaciones es más seco que nunca, la idiosincrasia de uno de los tantos grupos poblacionales que componen los Estados Unidos enmarca toda la historia (destaca la elección de actores exclusivamente judíos para el casting), la atención al detalle a la hora de reconstruir la época de los 60 está presente, la fotografía es bastante cuidada, y la música utilizada refleja perfectamente el estado de ánimo que se deseaba transmitir.

principio de incertidumbre

“The uncertainty principle. It proves we can’t ever really know what’s going on.”

Michael Stuhlbarg hace un gran trabajo en el papel del complaciente y retraído profesor Gopnik, y resulta bastante interesante ver cómo cambia su carácter a medida que su situación se vuelve más desesperante. Idealmente, sería divertido, sin embargo, los Coen no pueden balancear de manera adecuada la comedia negra y el drama existencial, que se torna demasiado desolador para su propio bien. Los primeros 40 minutos (sin contar la destacable escena de la pareja judía en Europa del Este) avanzan de manera demasiado lenta y tortuosa. A pesar de que hay escenas muy buenas, hay otras que no pueden escapar del aburrimiento más plúmbeo, que hacen que, en conjunto, la película sea demasiado estéril.

bar mitzvah marihuana

Un ejemplo de los momentos brillantes: Danny Gopnik llevando a cabo su Bar Mitzvah bajo los efectos de la marihuana.

La clave para entender A Serious Man está en la primera oración que aparece en pantalla, al inicio. Larry, tal vez impulsado por su curiosidad científica, intenta buscar una explicación matemática a todo lo malo que le pasa, siendo que no es un hombre malo, y nunca ha hecho nada malo. Al fallar, busca la fe, pero las respuestas que le ofrece son aún más vagas e insatisfactorias. Al final, ni él ni la audiencia han encontrado algún tipo de explicación a lo que pasó, ningún tipo de respuesta, aparte de “no hay respuestas”. ¿Desconcertante? Tal vez, pero ese era el punto.

Los seguidores del dúo estadounidense seguramente disfrutarán de esta película, pero aquellos no familiarizados con su estilo terminarán aburridos. A decir verdad, la considero una de sus obras menores. Sin embargo, y para bien o para mal, los Coen siguen siendo unos de los directores estadounidenses más relevantes de la actualidad, por lo que vale la pena revisar esta obra.

 

 

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The Big Lebowski

El gran Lebowski (1998)

Sin lugar a dudas, los hermanos Coen están entre los autores más únicos (por no decir que entre los mejores) del cine gringo actual. Este film pasó de tener un modesto éxito de taquilla y ser tibiamente recibido por la crítica a convertirse en un verdadero fenómeno con miles de seguidores, que han creado hasta su propia religión basada en el estilo de vida del personaje principal, simplemente conocido como The Dude. O His Dudeness. O Duder, o El Duderino, si no les gusta todo ese cuento de las abreviaturas. Perdonarán el intento de chiste referencial, pero los fanáticos de la película (entre los que me incluyo) terminan aprendiéndose casi, si no es que todos los diálogos, lo cual es un testamento a su memorabilidad.

Pero lo que hace tan particular al cine de los Coen es su acercamiento posmoderno al cine de género. The Big Lebowski parte esencialmente de las convenciones narrativas del film noir (un misterio a resolver, conspiraciones, intrigas, una trama compleja y enrevesada), al ser inspirada por la obra de Raymond Chandler (uno de los grandes autores de las novelas de detectives que terminaban siendo adaptadas en este género cinematográfico). Más lo que termina haciendo es reimaginar dichas convenciones, esta vez dentro de un marco cómico. Incluso su mismo título está parodiando al de reconocidas películas del género, como The Big Sleep (basada en la novela homónima del ya mencionado Chandler), The Big Heat o The Big Combo. La trama se desarrolla en la ciudad de Los Ángeles, escenario de incontables películas de la serie negra. Y si bien muestra el lado oscuro de la ciudad, incluye bastante más de la idiosincrasia de quienes la habitan, en el carácter de los personajes, su manera de hablar, sus manierismos y hasta su comportamiento.

fucking interesting

“That’s fucking interesting, man, that’s fucking interesting.”

La dirección de arte resulta destacable por varios aspectos. Para empezar, el hecho de que la historia, a pesar de tomar lugar a principios de los años 90, tenga una estética retro, similar a la de los años 60, (reflejada especialmente en la apariencia de la bolera y la casa de Jackie Treehorn) pero que al mismo tiempo evita caer en los clichés y convencionalismos con que se retrata esta década en el cine. La escenografía en donde toman lugar los sueños de The Dude (iluminada nítidamente y con brillantes colores por parte del director de fotografía Roger Deakins) merece mención especial. Los atuendos y apariencia de los Nihilistas, las obras y residencia de Maude Lebowski, y la suntuosa mansión del millonario Jeff Lebowski son dignos de ser recordados, por el cuidado y atención al detalle con que fueron construidos.

autobahn

“Nihilists! Fuck me. I mean, say what you want about the tenets of National Socialism, Dude, at least it’s an ethos.”

Lo que nos lleva a otra de las cosas que hacen tan memorable a este film: su uso de la música. Nunca es intrusivo, ni efectista, y siempre complementa de manera adecuada a las imágenes, reforzando su mensaje. La música deja entrever el carácter de los personajes. Así como el alegre y descomplicado roots rock de los Creedence se ajusta perfectamente al modo de ser de The Dude, los fríos sintetizadores del technopop alemán setentero reflejan la personalidad de los Nihlistas. La verdad, no podría imaginar aquella escena donde nos introducen al personaje de Jesús Quintana (mi favorita de la película) sin otra canción que el cover de Hotel California que hicieron los Gipsy Kings. Eso sí, quien se lleva las palmas en dicha escena es John Turturro con su excelente interpretación, a pesar de lo pequeño de su papel. Porque The Big Lebowski es una película con grandes actuaciones.

Jeff Bridges sencillamente ES The Dude. Vive el personaje. Su andar desgarbado, forma desaliñada de vestir, y actitud ultra relajada ante los problemas que se le presentan han dejado una huella indeleble en la memoria de fans y cinéfilos alrededor del mundo. Su estilo de vida es un verdadero ethos para algunos. En contraposición a él, está el neurótico e irascible Walter Sobchak, interpretado por un maniático John Goodman. La química entre estos dos personajes siempre da lugar a situaciones hilarantes, porque son polos opuestos. David Huddleston como Jeffrey Lebowski destila podredumbre bajo su fachada de sufrido pero millonario filántropo, y Peter Stormare es divertidísimo en el papel de Uli Kunkel (o Karl Hungus), con su innatural acento alemán. Estas son las que, a mi parecer, son las actuaciones más destacables, sin embargo, no hay un solo enlace flojo entre el reparto.

La enredada trama de la película se torna casi que una distracción, ya que lo que de veras importa en The Big Lebowski es la temática que subyace debajo de ella. The Dude se rehúsa completamente a trabajar o ser productivo para la sociedad (probablemente su única fuente de ingresos sea algún subsidio del estado), y a lo único que se dedica es a jugar bolos con sus amigos, beber White Russians, y fumar marihuana. Pero ese es el secreto de la felicidad para él, el relajarse y vivir una vida sencilla, sin dejar que un prestigioso empleo o las posesiones materiales definan su valor como persona.

Y esto es a grandes rasgos The Big Lebowski. Divertida, pero paradójicamente rica. El guión tiene tantas alusiones y detalles que son fáciles de ignorar al verla una única vez, al referenciar desde el contexto sociopolítico de los Estados Unidos en medio de la Guerra del Golfo hasta el Taoísmo. Por ello, ha sido analizada y diseccionada por académicos, ha inspirado el culto del Dudeísmo y varios libros de autoayuda, y hasta tiene su propio festival, el Lebowski Fest. Y vaya que a todos nos vendría bien así sea de vez en cuando ser como el Dude, dejándonos llevar por la corriente y disfrutando las cosas simples de la vida, en vez de andar persiguiendo fortunas vacías.