Yi Yi

Yi Yi (2000)

La historia de la familia Yang, vista a través de tres personajes. El padre, NJ, es un ejecutivo de una compañía que fabrica computadores, la cual se halla al borde de la quiebra. Por ello, quiere entrar en el negocio del desarrollo de videojuegos, asociándose con el japonés Ota. Sin embargo, a sus socios no les llama mucho la atención la idea, y quieren hacer dinero por otros medios. La situación sentimental de NJ se ve alterada por un reencuentro con su primer amor. La hija, Ting-Ting, es una adolescente, que se halla envuelta en un triángulo amoroso con su vecina Lili y un muchacho conocido como Fatty. El hijo menor, Yang-Yang, quien parece ser mucho más inteligente que varios adultos, tiene problemas en la escuela, ya que unas niñas le juegan malas pasadas. Para terminar, la abuela de la familia sufre un accidente y queda en coma. Los familiares le cuentan sus secretos y sus pensamientos.

Yi Yi resulta tan plana como los caracteres chinos que le dan el título. Tiene la premisa y situaciones de un melodrama, pero intenta por todos los medios desligarse de todo histrionismo y exageración, tratando de ser sobria, recurriendo a una elaborada puesta en escena, que le presta mucha atención a elementos como decoración de interiores, o ángulos de cámara inusuales. La actuación es decente, pero los esfuerzos por caracterizar a los personajes se quedan muy cortos. Es una de las áreas en las que la película es más prometedora, pero se queda en nada.

mr ota

Ota es, por lejos, el personaje más interesante. Le sigue probablemente Yang-Yang, pero por desgracia, no se ahondó mucho en su historia.

Un conjunto desbalanceado, desequilibrado, a ratos llamativo, pero igualmente rápido para sepultar la atención que suscita (en un par de escenas bastante buenas), dándole preponderancia a situaciones de poca relevancia, significado o poder emocional. No se logra redondear ninguna de las tres historias, terminan siendo meros fragmentos de algo que parece más grande pero en realidad no lo es. Ni siquiera las situaciones más exageradas (el asesinato de un profesor, la muerte) logran despertar algún interés. Todo se resuelve de la manera más abrupta e insatisfactoria. Su pretendido naturalismo le ha servido para excusarse de éstas fallas, ya que “muestra la vida tal como es, sin drama, sin grandes resoluciones, solo los momentos mundanos y sencillos de la gente común”.

En realidad sólo divaga y divaga. El hecho de querer mostrar algo cotidiano y mundano no quiere decir que no se pueda hacer de manera más llamativa, o distintiva. Su ambición coral termina por hundirla. Sus alusiones visuales (reflejos, cristales) son genéricas y pobres. Con solo mostrar y ampliar las historias de NJ y Yang-Yang, se hubiera tenido una película bastante buena (que de todos modos no sería una obra maestra, ya que las vidas de estos personajes resultan algo anodinas, la verdad sea dicha). 3 horas de metraje son desperdiciadas en digresiones. Como dice el refrán, “el que mucho abarca, poco aprieta”. Su intento desesperado por no recurrir a la cursilería termina por tener un efecto no deseado, anulando toda emoción o inmersión que pudiera despertar en el espectador. Al final termina pareciendo el episodio piloto de una telenovela, pero descafeinado y sin calorías. Insípida e insulsa a más no poder.