La La Land

La La Land (2016)

Mia, una camarera con aspiraciones actorales, se enamora de Sebastian, un pianista cuya ambición es abrir un club de jazz, pero que trabaja en eventos y restaurantes para pagar sus deudas. Ambos inician una relación amorosa, mientras persiguen sus sueños individuales. Debido a esto, su romance se pone en entredicho.

Encantadora mezcla de géneros (drama, romance, comedia, musical) que tiene diferentes grados de éxito. De impecable factura técnica, que se manifiesta en todos los aspectos de la producción, de los cuales destacan el vibrante colorido de su fotografía, el uso de planos secuencia a la hora de filmar las elaboradas coreografías que acompañan los números musicales, y las inventivas soluciones visuales como la cita de los dos protagonistas en el observatorio y la (muy bien lograda) secuencia final.

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Emma Stone hace un buen trabajo en el papel de Mia, opacando a un (considerablemente más soso) Ryan Gosling.

El problema con La La Land reside en su carácter, demasiado complaciente. Mucho se habla de sus números musicales, pero en realidad, estos son bastante limitados, en un esfuerzo para no alienar a aquellos que no son fanáticos del género (dentro de los cuales me incluyo). Por otra parte, lo único que sabemos de Mia y Sebastian es que ella sueña con ser actriz y él con abrir su club de jazz. No hay un mayor desarrollo de los personajes, todo gira en torno a sus respectivas ambiciones. Su relación no tiene mayor profundidad, se gustan, todo es bonito, y ya. Los tropiezos que surgen no tienen el impacto que deberían, porque a la final, ambos están enfocados en luchar para lograr sus triunfos personales. Aparte de esa especie de luna de miel perpetua que marca el inicio de su noviazgo, la única otra faceta de su relación que se muestra es, precisamente, el empeño por ayudarse mutuamente a alcanzar sus sueños.

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Lo que sí muestra de manera convincente la película es la dicotomía que sufre el artista en su camino al reconocimiento: permanecer fiel a sí mismo o conformarse para agradar a la multitud (todo lo que involucra al personaje de John Legend y su atroz banda de música pop disfrazada de jazz es brillante). El hecho de que esto termine afectando seriamente el noviazgo de los protagonistas ya es un indicativo que muestra lo que les importa de verdad.

Resulta casi imposible no dejarse contagiar de la magia y entusiasmo que desborda La La Land, pero bajo esta entretenidísima película no existe la obra maestra que muchos han querido ver. Pretendiendo ser agridulce, resulta siendo más dulce que agria, juguetona, divertida, ligera y muy simpática, lo que tal vez le ha traído más ovaciones de las que realmente merece.