Ikiru

Vivir (1952)

Kanji Watanabe es un funcionario público que ha permanecido durante muchos años en el mismo puesto, un trabajo vacío y carente de sentido, en el cual su actuar está restringido a las ataduras de la burocracia que controla la oficina. Un día, descubre que está muriendo de cáncer de estómago y que le queda menos de un año de vida. El señor Watanabe intenta, por diferentes medios, darle sentido a su existencia antes de morir.

La respuesta a la búsqueda del significado de la vida es, frecuente (y necesariamente), elusiva. La estructura narrativa de la película, dividida en dos grandes actos, de los cuales el primero avanza de manera lineal y el segundo a través de flashbacks, plasma de forma ingeniosa las vicisitudes, preguntas, revelaciones, acciones, dudas, y luchas que tuvo que enfrentar el señor Watanabe a lo largo de su viaje. No hay soluciones fáciles, ni idílicas. La descarnada e intensa interpretación de Takashi Shimura es la responsable de cargar con la mayoría del peso dramático, reflejando la fragilidad, el temor, el desespero, el arrepentimiento, y la resolución del señor Watanabe.

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“Eres tan enérgica, tan llena de vida… ¡Por eso esta momia te envidia! Antes de morir, así fuera por un sólo día, quisiera ser como tú. Y hasta que lo logre, no puedo dejarme morir.”

Todos los seres humanos, a lo largo del trancurso de sus vidas, se preguntan por su propósito, por sobre las cosas que los llenan, sobre eso que los hace sentir vivos. Y, paradójicamente, viven vacíos, llenando su tiempo con distracciones tales como el trabajo, o el placer, aferrándose a ideas o a ilusiones para evitar realizar los cambios que les permitirían mejorar sus vidas. Un determinado trabajo puede llegar a ser alienante, inútil e incluso puede hasta causar un perjuicio a la sociedad. La indulgencia a un estilo de vida hedonista es igualmente vacua, y no compensa la ausencia de un verdadero propósito. Watanabe se da cuenta de estas cosas al descubrir que le quedan tan sólo unos meses en este mundo, por lo que se apresura en tratar de recapturar su juventud perdida. Al final, se da cuenta de que debe aprovechar el tiempo que le queda de la mejor manera, encontrando una misión encaminada al servicio de los demás, ya que es allí donde yace la verdadera realización de su persona.

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“No puedo permitirme odiar a la gente. No tengo tanto tiempo.”

Ikiru resuena con una profunda melancolía, que induce al espectador a reflexionar. El guión, co-escrito por Hideo Oguni, Shinobu Hashimoto y el propio Kurosawa, es el gran triunfo de la película, en conjunto con la magistral actuación de Shimura, que le dan su carácter solemne y emotivo.

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Kakushi toride no san akunin

La fortaleza escondida (1958)

Matashichi y Tahei, dos campesinos en busca de fortuna descubren oro dentro de unos leños. Pronto tropiezan con el dueño del mismo, que busca escabullirse tras líneas enemigas hacia otro territorio, con el tesoro. El malicioso par accede a ayudar al hombre misterioso, por una parte del oro. Pronto, se encuentran con una muchacha, quién se les une en su viaje. Lo que los dos campesinos no saben, es que están viajando junto a una princesa, y un general que tiene el deber de escoltarla.

La fortaleza escondida es otra de esas grandes películas épicas de samuráis por las que es tan célebre Kurosawa, con un tono algo más ligero y divertido. Minoru Chiaki y Kamatari Fujiwara, en los papeles de Tahei y Matashichi, son un dúo cómico fantástico. No hay grandes tragedias épicas como en Siete Samuráis o Trono de sangre. Si bien evidentemente hay batallas, lucha y muerte, el foco está es en la gran aventura. Persecuciones, duelos, recorridos por agrestes paisajes montañosos.

paisajes fortaleza escondida

Esta fue la primera película que Kurosawa filmó en formato de pantalla ancha. El uso de la profundidad de campo es deslumbrante, en especial cuando muestra estos paisajes.

La película está bien escrita y concebida, se balancean adecuadamente el tono heroico y el cómico, en una historia que tiene la particularidad de ser contada a través de la perspectiva de los personajes menos heroicos, que siempre tienen algún apunte gracioso, o sufren las consecuencias de su codicia de hilarantes maneras. Sin embargo, y a pesar de que avanza con un ritmo adecuado, en ocasiones hay escenas que llegan a sentirse demasiado largas, particularmente durante la primera mitad.

duelo fortaleza escondida

El célebre duelo se me hizo un poquito largo también, pero está tan bien montado y coreografiado que lo compensa con creces.

La enseñanza final es casi como la de una fábula, nuestros protagonistas realizan un viaje impulsados por la codicia, dispuestos a traicionarse entre sí con tal de quedarse con el oro, pero en el camino descubren el verdadero valor de la amistad, un tesoro más grande que ninguno. También resulta interesante el papel de la princesa, el cual subvierte los roles de género al ser una muchacha fuerte, decidida y arriesgada. Los años no han hecho mella en La fortaleza escondida, la película sigue siendo tan fresca y emocionante como cuando fue lanzada.

tahei matashichi

“Sigamos siendo amigos en el cielo.”