Night on Earth

Una noche en la tierra (1991)

Una antología de cinco historias, que suceden en cinco diferentes ciudades: Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki. Todas ocurren dentro de un taxi, e involucran únicamente al taxista y sus pasajeros.

Una película sencilla y sin mayores pretensiones que logra ser bastante entretenida. Jarmusch escogió estas cinco ciudades en particular en base a los actores con los que quería trabajar. Todos los personajes tienen rasgos pintorescos, y todos tienen sus historias particulares: la mayoría son cómicas, algunas son dulces, otras son tristes. Cada miembro del elenco, desde Winona Ryder hasta Matti Pellonpää, está muy bien en su papel. La mayor parte de la acción pasa dentro de los taxis, y consiste en las conversaciones que tiene el conductor con los pasajeros. A pesar de las sutiles variaciones tonales en cada situación, ningún segmento desentona con los otros.

night on earth

La fotografía de Frederick Elmes contribuye en gran medida a pintar la atmósfera de cada ciudad: Los Ángeles está envuelta en una bruma de ensueño, Nueva York tiene una apariencia áspera y sucia, los colores rojos y rosas le dan a París un dejo vagamente romántico, Roma se ve antigua con sus tonos terrosos, y los azules y blancos de Helsinki la hacen helada y melancólica.

Con planos de calles cualquiera se nos acaba de transmitir el aura de cada ciudad. No necesitamos ver la Estatua de la Libertad para saber que Nueva York es Nueva York, ni la torre Eiffel para saber que París es París. Casi lo mismo ocurre con las mini “tramas”, no tienen que ser una gran historia para que sean efectivas.

Una noche en la Tierra se empeña en buscar y celebrar las conexiones y similitudes entre todos los seres humanos, sin importar su raza, lugar de origen o clase social. Sume a la audiencia en estas historias tan particulares, atrapándolas al mostrarles lo universal que pasa dentro de las mismas. No hay una gran progresión dramática, ni grandes revelaciones, pero sí pequeños momentos e ideas que se quedan, flotando casi que en el aire, y que ponen a los personajes y espectadores a pensar. Y todo se desarrolla con un aire muy casual, la película en ningún momento se da ínfulas de importante ni de profunda. Al contrario, es muy divertida (qué taxistas tan malos, por cierto).

Cada segmento destaca a su manera particular: la actitud ruda de la taxista de Los Ángeles; la dulzura de Helmut, el inmigrante alemán; el tenso intercambio verbal entre la ciega parisina y el taxista negro; el personaje de Roberto Benigni y todo lo relativo a él (usa gafas oscuras de noche, y mientras habla, gesticula, ¡quitando ambas manos del volante mientras maneja!); y la triste historia del taxista finlandés, que le enseña una moraleja a sus ebrios pasajeros. A pesar de esto, la película funciona más como un todo, invitándonos a sentarnos y pasar un buen rato, como el que uno podría pasar charlando amenamente con un taxista. Una noche en la Tierra es un minimalista pero singular retrato de la noche en la ciudad, que exuda una frescura irresistible.

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