Almanaque de otoño

Őszi almanach (1985)

La turbulenta vida de cinco personas que viven en un pequeño apartamento: Hédi, la dueña del lugar; János, su hijo, un joven que derrocha el dinero de su madre y no hace nada con su vida; Anna, la enfermera que atiende a Hédi; Miklós, el amante de Anna; y Tibor, un arruinado profesor alcohólico que es traído a vivir allí a expensas de Hédi. A lo largo de la película, los personajes conspiran para sacarle dinero a Hédi, de diferentes formas, y comparten sus miedos, inseguridades y defectos.

Un drama confinado a un espacio reducido (con reminiscencias de Fassbinder) y marcadamente estilizado. Dicho espacio es protagonista, y refleja el mundo interior de los personajes. El apartamento está desordenado, en malas condiciones, sumido en la dilapidación. El uso del color inmediatamente llama la atención. Delimita las relaciones entre los personajes. Refleja la tensión y los conflictos en los que se ven inmiscuidos todos los habitantes del lugar. La vasta mayoría de las escenas consiste en una interacción entre dos sujetos, usualmente mediada por la conversación (el diálogo es algo extensivo). El espectador se familiariza con la hipocresía de los personajes, su hábito de fijar falsas apariencias, y los ardides que usan para obtener algún beneficio a cambio, al ver las diferencias en su manera de actuar, dependiendo de la persona con quien estén. Los actores hacen un trabajo bastante genuino, gritando, peleando, y lanzando improperios, pero también dejando ver el lado íntimo y humano de los personajes que encarnan.

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La película presenta unos experimentos estilísticos interesantes, como el ya mencionado uso del color, y los inusuales ángulos de cámara.

Si bien la visión cínica y mísera de la humanidad y los planos largos que caracterizan la obra de Tarr están presentes, Almanaque de otoño no es tan convincente. Su elaborado y llamativo estilo visual no termina de cuajar con su contenido, que es comunicado a la audiencia de una manera casi teatral. El drama como tal pudo haber sido un poco más sustancial (y no hablo de historias ni situaciones elaboradas, porque a Tarr nunca le ha preocupado la trama, y de hecho gran parte de su valor como director reside en la capacidad de causar un gran impacto emocional a través de situaciones cotidianas, del tedio y del aburrimiento existencial), aquí resulta bastante plano, cuando pudo haber dado para más.

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Aquellos momentos de quietud, en donde resuena la música de Mihály Víg (quien colabora aquí por primera vez con Tarr) están entre los mejores de la película, anticipando lo que se vería en obras futuras.

Aquellos interesados por ahondar en la obra de Tarr deberían, sin lugar a dudas, ver esta película, que a pesar de sus fallas, destaca por sus aspectos visuales, y por hacer parte de la transición hacia el estilo más formalista por el cual sería reconocido y aclamado el director húngaro.

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