Kimssi Pyoryugi

Náufrago en la luna (2009)

El señor Kim tiene una deuda altísima con un banco, la cual no puede pagar, y aparte, su novia lo dejó. Por ello, intenta suicidarse, botándose desde un puente, pero falla, y termina en una isla desierta en medio del río. Kim es una chica que vive encerrada en su cuarto, y pasa los días frente al computador, detrás de un perfil falso en una red social, fingiendo ser otra persona. Entre sus hobbies, está el de tomar fotos de la luna, y de las calles cuando están vacías (evento que ocurre sólo dos veces al año). En una de estas ocasiones, ella ve al señor Kim (quien se las arregla para sobrevivir luego de su naufragio) a través de su cámara. Los dos empiezan a comunicarse: ella, a través de mensajes en botellas; él, escribiendo mensajes en la arena.

Irregular película que intenta mostrar como dos personas con ansiedad social superan sus complejos, con muy poca sutileza y más bien mucha dulzura. En ocasiones la comedia funciona, en ocasiones los chistes (particularmente los de corte escatológico) parecen escritos por y para niños de 13 años. La película parece dispuesta a reflexionar sobre el consumismo, las expectativas que tiene la sociedad de las personas (y cómo estas fallan a la hora de hacerlas felices), la incapacidad de abrirse a los demás y el miedo a ser aceptado tal y como se es. Por desgracia, no ahonda en ninguno de estos temas, abordándolos de manera superficial, hundiéndolos en su carácter estrafalario y empalagosa cursilería, acentuados con la sentimental música de fondo.

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Se rescata el trabajo de los actores, que hacen lo mejor con lo que se les da, con entusiasmo por sus papeles.

También se destaca el hecho de que la película es inmersiva (si bien tiene un ritmo ligeramente acelerado), y de que, al menos durante 2/3 de su duración, el desarrollo de sus personajes se lleva a cabo de manera medianamente satisfactoria. Sin embargo, la conclusión final resulta tan obvia y previsible como forzada y calculada, sin espontaneidad. Náufrago en la luna sirve para entretenerse dos horas y nada más.

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Krótki film o miłości

No amarás (1988)

Tomek es un joven tímido y solitario que trabaja en la oficina de correos. Por las noches, espía a una mujer mayor, Magda, a través de su ventana, con la ayuda de un telescopio. Tomek se enamora de la mujer, e empieza a inventar razones y pretextos para poder verla, hasta que finalmente le confiesa sus sentimientos. Magda se empeñará en mostrarle a Tomek que el amor no existe, que sólo existe el sexo y nada más.

Kieślowski aborda el tema del amor desde una mirada intimista. Insinúa, implica, y sugiere aspectos profundos sobre las vidas, sentimientos, y personalidad de sus personajes, pero no los muestra, ni los dice, lo cual tiene un efecto mucho más poderoso. La interpretación de los dos actores principales es clave a la hora de lograr dicho efecto. Olaf Lubaszenko presenta a un reprimido Tomek, nervioso, callado y ansioso, quien sólo es desinhibido y fervoroso a la hora de espiar a la mujer de sus sueños (su mirada dice más que cualquier cosa). Por su parte, Grażyna Szapołowska encarna a una Magda que esconde un profundo dolor y soledad, producto de su vida disoluta y su cinicismo. La fijación por los objetos, tales como el telescopio, las ventanas, las notificaciones postales, y las botellas de leche, les confiere un carácter especial, los convierte en los medios a través de los cuales Tomek expresa sus sentimientos.

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Durante la primera mitad de la película, vemos a Magda a través de los ojos de Tomek. La película nos muestra su perspectiva, nos hace sentir lo que él siente. Hacia el final, los papeles se invierten, y vemos todo a través de los ojos de Magda.

Dos extremos opuestos se encuentran, con resultados imprevisibles. La falta de experiencia e ingenuidad de Tomek hacen que su obsesión se torne más intensa e intrusiva. A pesar de que sin duda él está enamorado de Magda, la naturaleza de sus sentimientos y la manera en que los expresa da mucho en qué pensar, sin embargo, bajo su fijación subyace el deseo genuino de querer a Magda. Ella, por otra parte, cree que no hay amor verdadero, sólo lujuria. Desencantada y desdichada, invita a hombre tras hombre a pasar por su lecho. Tomek no es más que una diversión al principio, un objeto de burla, pero ella llega a disfrutar sus atenciones, pensando en la posibilidad de que tal vez él sienta algo de verdad hacia ella. Cuando sus dos perspectivas colisionan, ambos cambian. Tomek sufre un colapso, del cual parece recuperarse dejando de lado su antigua infatuación, viendo que no era sana. Por otra parte, Magda parece dispuesta a darle una oportunidad, dándole la razón, a pesar de que en el fondo, siente que no es digna de ser amada.

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– “Te amo”. – “No existe tal cosa”.

Así es como esta corta película captura de manera concisa (pero a la vez comprensiva) la manera en como diferentes personas perciben, sienten, y piensan sobre el amor, y cómo sus ideas cambian a lo largo del tiempo, producto de la ilusión o el desengaño. También muestra la manera peculiar en que puede llegar a actuar una persona impulsada por este sentimiento, con una verosimilitud franca, sincera, y un visible trasfondo moral.

Őszi almanach

Almanaque de otoño (1985)

La turbulenta vida de cinco personas que viven en un pequeño apartamento: Hédi, la dueña del lugar; János, su hijo, un joven que derrocha el dinero de su madre y no hace nada con su vida; Anna, la enfermera que atiende a Hédi; Miklós, el amante de Anna; y Tibor, un arruinado profesor alcohólico que es traído a vivir allí a expensas de Hédi. A lo largo de la película, los personajes conspiran para sacarle dinero a Hédi, de diferentes formas, y comparten sus miedos, inseguridades y defectos.

Un drama confinado a un espacio reducido (con reminiscencias de Fassbinder) y marcadamente estilizado. Dicho espacio es protagonista, y refleja el mundo interior de los personajes. El apartamento está desordenado, en malas condiciones, sumido en la dilapidación. El uso del color inmediatamente llama la atención. Delimita las relaciones entre los personajes. Refleja la tensión y los conflictos en los que se ven inmiscuidos todos los habitantes del lugar. La vasta mayoría de las escenas consiste en una interacción entre dos sujetos, usualmente mediada por la conversación (el diálogo es algo extensivo). El espectador se familiariza con la hipocresía de los personajes, su hábito de fijar falsas apariencias, y los ardides que usan para obtener algún beneficio a cambio, al ver las diferencias en su manera de actuar, dependiendo de la persona con quien estén. Los actores hacen un trabajo bastante genuino, gritando, peleando, y lanzando improperios, pero también dejando ver el lado íntimo y humano de los personajes que encarnan.

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La película presenta unos experimentos estilísticos interesantes, como el ya mencionado uso del color, y los inusuales ángulos de cámara.

Si bien la visión cínica y mísera de la humanidad y los planos largos que caracterizan la obra de Tarr están presentes, Almanaque de otoño no es tan convincente. Su elaborado y llamativo estilo visual no termina de cuajar con su contenido, que es comunicado a la audiencia de una manera casi teatral. El drama como tal pudo haber sido un poco más sustancial (y no hablo de historias ni situaciones elaboradas, porque a Tarr nunca le ha preocupado la trama, y de hecho gran parte de su valor como director reside en la capacidad de causar un gran impacto emocional a través de situaciones cotidianas, del tedio y del aburrimiento existencial), aquí resulta bastante plano, cuando pudo haber dado para más.

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Aquellos momentos de quietud, en donde resuena la música de Mihály Víg (quien colabora aquí por primera vez con Tarr) están entre los mejores de la película, anticipando lo que se vería en obras futuras.

Aquellos interesados por ahondar en la obra de Tarr deberían, sin lugar a dudas, ver esta película, que a pesar de sus fallas, destaca por sus aspectos visuales, y por hacer parte de la transición hacia el estilo más formalista por el cual sería reconocido y aclamado el director húngaro.

The Lobster

Langosta (2015)

En una realidad alternativa, la gente que sigue siendo soltera pasada cierta edad es proscrita. Todo el mundo debe estar casado. Las personas que por una u otra razón, se quedan sin pareja, deben ingresar a un hotel, en donde deben encontrar otra compañera antes de 45 días. De no hacerlo, serán transformados en animales. David pierde a su esposa cuando ella lo deja por otro hombre. Por ello, ingresa al hotel, pidiendo ser convertido en una langosta si no consigue pareja a tiempo.

A primera vista, la premisa inicial de la película puede parecer absolutamente ridícula. El guión de Efthymis Filippou y Yorgos Lanthimos recurre a la sátira y al absurdismo para hacer una crítica de las preconcepciones que tiene la sociedad moderna respecto a las relaciones sentimentales. Afortunadamente, el humor excéntrico es balanceado con una sensibilidad genuina a la hora de abordar la temática, que tiene en cuenta diferentes matices de la situación (contrastando las normas, condiciones y estilos de vida de los huéspedes del hotel y los rebeldes que habitan en los bosques, que se rehúsan a conseguir pareja, llamados “Los solitarios”) por lo que no se queda en una mera caricaturización superficial. La actuación (en particular por parte de Colin Farrell) es rígida e innatural, lo cual hace todo el asunto más creíble, ya que la película toma lugar en un mundo donde hombres y mujeres tienen muchas dificultades para establecer relaciones románticas de manera normal.

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La primera mitad de la película, que toma lugar en el hotel, está llena de secuencias divertidísimas, como este montaje paralelo, en donde se muestra el inusual castigo que recibe un hombre por masturbarse en contraste con una de las lecciones que reciben los huéspedes: es mejor para una mujer caminar con un hombre que sola, ya que así no se expone a que la violen.

The Lobster lleva al extremo varios imaginarios presentes en la mente de las personas en cuanto a relaciones de pareja, para criticarlos. El (hiperbolizado) miedo a la soledad lleva a la gente a fijarse en las cosas más nimias de la otra persona, buscando desesperadamente señales de compatibilidad que en realidad no son determinantes a la hora de decidir si es o no es un compañero adecuado, o intentando forzar la compatibilidad con alguien cuando no se tiene (notables las escenas que involucran a “la mujer sin corazón”). Por otra parte, la película acierta en mostrar el otro extremo, el del individualismo, en donde todos velan únicamente por su propio bienestar, sin mayor cooperación ni solidaridad con los otros, e incluso los acercamientos románticos sanos entre los miembros del grupo son castigados. En contraste con los deliberados intentos de emparejarse (o no) con alguien, la relación entre los dos protagonistas surge de manera espontánea, abrupta, y crece de manera auténtica. Se necesitan, porque se aman, y no al revés.

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“Desarrollamos un código para poder comunicarnos entre nosotros, incluso en frente de los demás, sin que supieran lo que decíamos. Cuando giramos la cabeza a la izquierda, significa: “Te amo más que a nada en el mundo”. Cuando giramos la cabeza a la izquierda, significa: “Cuidado, estamos en peligro”. Teníamos que tener mucho cuidado al principio para no confundir “Te amo más que a nada en el mundo” con “Cuidado, estamos en peligro.”

Peculiar y estrafalaria, pero con sustancia, cómica con un dejo de melancolía, a veces tonta y con chistes de mal gusto, pero muy dulce (aunque no empalagosa) y reflexiva, The Lobster triunfa gracias a una construcción bastante sólida, que le permite ahondar mucho más allá de lo planteado por su formulación inicial, añadiendo detalles y particularidades, tornándose más seria e introspectiva a medida que pasan los minutos, manteniendo el equilibrio entre comedia, romance y drama.

Ansiktet

El rostro (1958)

Una compañía teatral (compuesta de un mago mudo, su mujer, una anciana bruja, y su ayudante) atraviesa un bosque, topándose con un ebrio al borde de la muerte. Envueltos en sospecha, habiendo tenido líos con la ley en varias ocasiones, llegan a un pueblo, en donde el cónsul, su mujer, el doctor y el comandante de policía les exigen que realicen una actuación frente a ellos, para descartar que sus trucos sean producto de fuerzas sobrenaturales, y que puedan causar problemas en la salud mental y física de los habitantes del pueblo. El cónsul y el doctor hacen una apuesta, ya que este último, un hombre de ciencia, con una visión materialista del mundo, espera desacreditar al mago como un fraude.

Un Bergman mucho menos pesado y denso que el de sus obras más conocidas, en una película que conjuga elementos góticos, de drama, fantasía, y hasta comedia romántica. La atmósfera de cuento de hadas oscuro es enfatizada por el manejo de la luz que hace Gunnar Fischer, tanto en las prolongadas sombras que aparecen en las escenas que se aproximan al horror, como en las más alegres y “luminosas”. Los extensos monólogos en donde el director sueco reflexiona sobre sus obsesiones a través de la boca de sus personajes brillan por su ausencia, a pesar de que algunos de sus temas habituales se puedan deducir del subtexto, como la preocupación del artista por su obra, o las dudas sobre la existencia de un poder superior. La actuación tiene un dejo teatral, posiblemente debido al contexto en el que está situada la historia, pero no por ello deja de ser destacable la labor de los miembros del elenco, compuesto de los miembros recurrentes de las obras del director.

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Los sets y el vestuario son fieles a la época que buscan representar (mediados del siglo XIX) y contribuyen en gran medida a darle vida a la historia.

Si bien El rostro no es tan reflexiva e introspectiva como, por ejemplo, El séptimo sello o Fresas silvestres (que la precedieron), expone la dicotomía entre ciencia y fé que se presentaba en un siglo en el cual la ciencia avanzaba a pasos agigantados, y los misterios del mundo desaparecían ante la consolidación de una visión racionalista del mundo. También muestra al artista como esclavo de su propia obra, y presenta su existencia en función de la misma. Vogler debe mantener la ilusión, seguir fingiendo ser mudo, y realizar los trucos, no sólo porque es su arte, sino porque eso es lo que le da de comer. Ante la pérdida de lo oculto, de lo sobrenatural ante la obtusidad de la razón, el artista lucha por preservar lo misterioso, rechazando el materialismo, aún siendo un simple mortal como todos los demás.

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“Ustedes representan lo que yo más odio: lo inexplicable.”

A pesar de no ser una obra maestra, El rostro es una película sólida, entretenida, y encantadora, con una atmósfera muy bien lograda, que muy bien podría servir de introducción a Bergman para aquellos no habituados al estilo del sueco, o para aquellos que tuvieron dificultad viendo algunas de sus obras más encumbradas.