Operazione paura

Operazione paura (1966)

Una mujer muere de manera misteriosa en una remota aldea. El doctor Eswai es llamado por el comisario del pueblo, para realizar la autopsia. Sin embargo, los pobladores actúan de manera sospechosa. No permiten que el doctor se acerque al cuerpo, ya que podría desatar la maldición que pesa sobre todos ellos. Eswai realiza la autopsia de todas formas, y se ve implicado en una serie de extrañas muertes que aterrorizan al pueblo. Las muertes están relacionadas con la vieja casona de la familia Graps, por lo que el doctor decide investigar.

Habiendo filmado importantísimas películas del cine del género gótico tales como La máscara del demonio o Las tres caras del miedo, Bava presenta una de sus obras más pulidas, donde hace gala de su estilo ya consolidado. Los terrosos tonos de los colores, las majestuosamente vetustas locaciones exteriores, la exuberante decoración (incluyendo las típicas telarañas, lápidas, crucifijos y amuletos) y las densas sombras le dan a la película ese aire antiguo, añejo, empolvado, que junto con los creativos movimientos de cámara y la música (trillada pero efectiva) establecen el ambiente oscuro y fantasmal.

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Para inducir un efecto pesadillesco más intenso en el espectador, la película entra en el reino de lo onírico, a través de un par de secuencias de sueños/alucinaciones, que crean una sensación de desorientación. Este es otro de sus grandes aspectos a destacar. A pesar de que la historia no es precisamente destacable, la atmósfera está tan bien construida, y la actuación es tan convincente (en su mayor parte) que esto se torna algo irrisorio. Bava relega la violencia a un segundo plano, implicándola en la mayoría de los casos en lugar de mostrarla, o mostrándola de manera muy breve, lo que tal vez la hace más efectiva, dentro del contexto elegantemente sombrío del film (donde posiblemente resultaría chocante un nivel de gore como el de, por ejemplo, Seis mujeres para el asesino).

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La manera en que opera el espíritu que ocasiona las muertes puede llegar a ser más perversa que la de un asesino propiamente dicho.

Poco más queda por decir de esta entretenida película, que no pierde su vigencia al intentar shockear a la audiencia con sustos baratos, sino transportarlos a aquel recóndito lugar donde reina la superstición y el oscurantismo, donde la razón pareciera no tener cabida, donde es impotente ante fuerzas más allá de su comprensión.

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Les diaboliques

Las diabólicas (1955)

La frágil, temerosa y profundamente religiosa Cristina Delasalle es la dueña de un internado a las afueras de París. Sin embargo, su marido, Michel, es quien está a cargo. No solo trata mal a los niños y les da comida en mal estado, sino que abiertamente tiene una relación con otra mujer, Nicole, quien convence a Cristina de que juntas asesinen a Michel. Cristina vacila, pero al final accede. Cuando el trabajo está hecho, hunden el cadáver de Michel en las aguas de la piscina del colegio. Pero cuando el cuerpo desaparece, cosas extrañas empiezan a suceder.

Un mórbido pero entretenido thriller, que tiene éxito gracias a diversos factores. Primero, su capacidad de engañar al espectador, insinuando detalles de los acontecimientos que pasan en vez de mostrarlos por completo, haciéndole creer cosas que pueden o no ser reales. Segundo, la caracterización de los personajes, y su materialización a través del enorme trabajo actoral de Simone Signoret y Véra Clouzot. La primera es una maestra del engaño, fría, amoral, y despiadada. La segunda es nerviosa, manipulable, ingenua, y supersticiosa. El resto de personajes tampoco son modelos a seguir, y en general, Clouzot presenta una visión cínica y misantrópica del ser humano. El uso del sonido (o del silencio, más bien) es otro factor clave a la hora de construir la tensión.

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A medida que empiezan a ocurrir sucesos que apuntan a la presencia de algo sobrenatural, la relación entre las dos protagonistas se hace más turbulenta, lo que contribuye a crear esa sensación angustiosa.

A pesar de que la película está construida de tal manera que no resulta predecible, una parte considerable de su efecto descansa en el sorpresivo giro argumental (al punto de que el director puso un aviso anti-spoilers al final). Esto le quita algo de fuerza al volverla a ver, sin embargo, le permite al espectador notar con más claridad todos los motivos e implicaciones puestas a lo largo del film. Por lo demás, la perversa historia no pierde vigencia, mostrando la habilidad del ser humano de manipular y explotar a una mente vulnerable, y por qué no, la capacidad para hacer el mal que tiene una persona que ha sufrido maltratos y abusos.

Las diabólicas tiene el poder de hacer que el corazón de las audiencias palpite tan rápido como el de Cristina, manteniéndolas pegadas a la pantalla con su sorpresiva y turbia trama, e inquietante atmósfera.

Nosferatu: Phantom der Nacht

Nosferatu, fantasma de la noche (1979)

Jonathan Harker es un agente de bienes raíces que vive en Wismar, Alemania. Su jefe, Renfield, lo envía a Transilvania, donde reside un noble conocido como el conde Drácula, quien desea comprar una casa en Wismar. Los gitanos que viven cerca al castillo advierten a Harker de los peligros letales de aquel lugar, diciéndole que el conde es en realidad un vampiro. Harker desoye sus advertencias y llega al castillo, donde Drácula, al observar un retrato de Lucy, la esposa de Jonathan, se apresura en comprar una vieja y ruinosa abadía en Wismar. El vampiro deja atrapado a Harker en el castillo, y llega a Wismar en un barco infestado de ratas, trayendo la peste a la ciudad.

Herzog consideraba que Nosferatu, de F.W. Murnau, era la mejor película que había salido de Alemania, y quiso hacer su propia versión, manteniendo varios elementos de la original, pero añadiendo otros, propiamente suyos. Éste remake es una versión “romantizada” del clásico expresionista, muy en línea con dos películas realizadas anteriormente por el autor: Corazón de cristal y El enigma de Kaspar Hauser. La atmósfera pútrida de la película de Murnau es reemplazada por un aura lánguida, agonizante, y si bien sigue siendo siniestra, aquí está llena de una belleza etérea.

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En la versión original, las sombras parecían tener vida propia, y los paisajes naturales encerraban misterio y temor. Aquí, se retoman estos elementos, pero imbuyendo a los planos de una “cualidad pictórica” mucho más pronunciada, que hace que ésta versión posea una estética mucho más “pulida”, por llamarla de alguna manera.

El conde Orlok de Max Schreck era, simple y llanamente, la encarnación del mal. Herzog también retoma el elemento de la peste y lo lleva hasta su extremo lógico (con hechos que van desde la inclusión de muchas más ratas en el film hasta el descenso a la locura de los habitantes del pueblo infestado) pero hace del personaje de Drácula (que aquí lleva su nombre original) algo más complejo. Aquí, ya contando con la palabra, se le dota al personaje de emociones y sentimientos, incorporando elementos no propios de Murnau, sino de la novela de Bram Stoker. El conde es un individuo melancólico, cansado del mundo, torturado por el hecho de no poder morir, y por la soledad.

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“La muerte es cruel para quien no la espera. Pero eso no es lo que yo considero cruel. Cruel es no poder morir, incluso si lo deseas.”

Podría parecer que me he explayado en comparaciones con el film de 1922, pero resulta imposible no referirse a él cuando ésta película le toma prestados planos y secuencias enteras, para rendirle un homenaje a Murnau. Aún así, el talante de las dos películas es distinto. Igualmente lo es el ritmo. Murnau va directo al grano, sin rodeos, es conciso. Herzog permite que la acción avance a una velocidad mucho más pausada, para sumergir al espectador en su atmósfera elegíaca, y expandir los temas de la narrativa, retomando al referente literario del cual todo surgió (y que posiblemente los realizadores de Eine Symphonie des Grauens omitieron por causa de los consabidos problemas de derechos de autor que tuvieron que enfrentar) y añadiendo el tema del absurdo, del sinsentido, de la anulación del propósito de la existencia, que desemboca en el goce, ante la proximidad de una muerte inminente.

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“¿Y si en realidad todos nos volvimos locos, y una mañana despertaremos, para encontrarnos metidos en camisas de fuerza?”

Es aquí donde Phantom der Nacht se “independiza” de la versión original, convirtiéndose en una obra maestra de carácter propio, y una de las mejores películas de horror gótico jamás hechas, ejemplificando a la perfección el carácter a la vez barbárico y sofisticado del género. Perturba y maravilla al mismo tiempo a quien la ve.

Nosferatu, eine Symphonie des Grauens

Nosferatu (1922)

El joven Hutter vive con su esposa Ellen en la ciudad de Wisborg. Él trabaja como vendedor de bienes raíces. Cuando su empleador, el excéntrico Knock, lo envía a Transilvania para que contacte a un potencial cliente interesado en comprar una casa en la ciudad, el conde Orlok, Ellen tiene un mal presagio. Hutter visita el castillo de Orlok, en donde extrañas cosas comienzan a suceder. El conde es una criatura con poderes sobrenaturales, que viaja a Wisborg para infestarla con una peste mortífera.

Nosferatu es un artefacto maldito, un viejo grimorio de magia negra desenterrado de una tumba abandonada por siglos. Toma la historia de Drácula y la hace más retorcida introduciendo el concepto del vampiro como plaga. El Orlok de Max Schreck dista de ser el rimbombante y sofisticado Conde, asemejándose a un roedor de mirada fija y protuberantes colmillos frontales, reafirmando dicha metáfora. Su andar tieso, apariencia extremadamente delgada y la lentitud de sus movimientos le confieren el aspecto de un cadáver que apenas tiene la energía suficiente como para ejecutar estas mínimas acciones.

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Este hecho contrasta con las escenas en donde vemos a Nosferatu desplazándose de un lado a otro con una velocidad sobrehumana, lo cual crea un efecto más escalofriante.

La película evita los cuidados ambientes góticos, optando por mostrar parajes rústicos, ruinosos y decaídos, junto con planos de la naturaleza salvaje que circunda al castillo, para crear un ambiente hostil, cavernoso. Murnau prefiere comunicar la historia a través de las imágenes, de manera directa, sucinta, casi escueta (como por ejemplo, el hecho de mostrar a Hutter riendo burlonamente mientras arroja a lo lejos su libro sobre vampiros), mientras preserva la naturaleza epistolar de la novela (aunque las cartas parecen ser escritas por un narrador que no interviene en la historia).

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Tal vez uno de los planos (a mi concepto) más impactantes es la procesión nocturna de los habitantes del pueblo, llevando a la sepultura a los fallecidos por la plaga del vampiro.

El productor y director de arte de la película, Albin Grau, era un reconocido miembro de una orden esotérica, y fundó la compañía de producción Prana Film con el objetivo de crear películas dedicadas a lo sobrenatural (siendo el film de Murnau el único que llegó a realizarse). Por ello, no sorprende que Nosferatu resulte tan solemne, y que trate a su temática con toda la sobriedad del caso, asegurándose de crear una atmósfera de muerte y putrefacción, con alusiones tanto al ocultismo, como al carácter letal de algunas especies de la naturaleza. Resulta mucho más fatalista y catastrófica que la novela. Puede que algunos consideren su seriedad impostada algo ingenua para nuestros tiempos, pero ésta es un elemento clave a la hora de crear la pestilente aura fúnebre que permea la película. Un clásico del que poco más hay que decir.

The Hunchback of Notre Dame

El jorobado de Notre Dame (1923)

La historia toma lugar durante los turbulentos tiempos que vivía la ciudad de París durante el siglo XV, cuando el monarca Luis XI reinaba cruelmente, manteniendo a la población empobrecida. Los mendigos y rechazados por la sociedad tienen como líder a Clopin, padre adoptivo de una bella y noble muchacha llamada Esmeralda. El malvado Jehan, planea secuestrar a Esmeralda, por lo que le da a su sirviente, Quasimodo, el jorobado campanero de la catedral, la orden de llevar a cabo esta acción. Sin embargo, él falla, y ella es rescatada por un capitán de la guardia, conocido como Phoebus de Chateaupers, del cual se enamora. Jehan intenta encontrar la manera de tomar a Esmeralda por la fuerza, usando una serie de artimañas y engaños, en los que se ve envuelta la ciudad entera, desde la corte real hasta Clopin y los mendigos.

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Los portentosos sets de la película le dan la apariencia real de un gran centro urbano medieval, y son el elemento clave a la hora de construir la atmósfera. La narrativa podría parecer algo difusa durante la primera mitad (algo a lo cual contribuye el extensivo uso de intertítulos), pero todos los elementos que son establecidos a lo largo de esta sección convergen al final de manera coherente y muy satisfactoria durante el clímax de la película, en donde la tensión dramática comunica de manera adecuada la gravedad de los acontecimientos que ocurren.

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Lon Chaney tenía la habilidad de transformarse de manera radical para aquellos papeles que le exigían interpretar a personajes con deformidades, logrando mostrar tanto su lado monstruoso como su lado cálido, buscando la simpatía de la audiencia. Los efectos de maquillaje, que pueden parecer anticuados o rudimentarios para el público moderno, son convincentes, gracias al trabajo del actor. Las escenas de riesgo y acrobacias también merecen ser destacadas.

El drama está entretejido alrededor de Esmeralda y todos los hombres que de una manera u otra buscan ganar su afecto (la película muestra que entre el capitán mujeriego, el mendigo con ansias de rebelión armada, el hombre oscuro que renuncia a la religión, y el campanero recluído y rechazado por culpa de su deformidad, es este último el personaje más noble y bondadoso), aunque hay un cierto elemento de crítica social presente, en la denuncia que se hace en la película tanto de la corrupción de la aristocracia como de la violencia que usan las clases oprimidas para intentar llegar al poder (la batalla final es, tal vez, la secuencia más notoria de la película, con aquel río de gente armada con espadas, hachas y antorchas, intentando entrar a la catedral por la fuerza, mientras son rebatidos por Quasimodo, quien les arroja rocas, leños, y hasta plomo hirviendo a los revoltosos). Si bien los dos elementos, el romántico y el histórico, no logran cuajar por completo, logran integrarse lo suficiente como para convertirse en algo con sentido.

Un entretenido éxito de taquilla que impulsó la producción de películas del género fantástico y de horror por parte de Universal Pictures, El jorobado de Notre Dame envuelve al espectador en una turbia y rústica atmósfera, y se torna memorable gracias a su majestuosa presencia, y al genial trabajo de su protagonista.