Kárhozat

La condena (1988)

En un decaído y lluvioso pueblo minero, vive un hombre llamado Karrer, quien simplemente pasa los días mirando por la ventana, al llevar una vida sin sentido. Por las noches, busca algo de consuelo yendo al Titanik Bar, a beber mientras escucha a la cantante local, una mujer casada con la cual tiene una aventura. El cantinero del Titanik le ofrece a Karrer un trabajo como contrabandista, pero éste se lo ofrece al esposo de la cantante, para mantenerlo alejado del pueblo, y poder continuar con su aventura. Sin embargo, ella termina con él, porque desea irse a la ciudad, en busca de un mejor futuro.

Tarr tiene la habilidad de estetizar el aburrimiento y la desolación, y la aprovecha para construir un mundo fílmico sumido en la melancolía más absoluta. Aquella masa gris de concreto, anegada por las constantes lluvias, es capturada de manera que las intensas franjas de luz tornan las sombras más densas, y los grises más turbios, en aquellos planos largos cuidadosamente coreografiados, donde el tiempo pasa de manera pesada, en un lento viaje hacia la ruina, hacia la nada.

condena 1

Las composiciones, muy cuidadas, fragmentan los planos en “capas”, para mostrar varias acciones de manera simultánea.

Sin embargo, aquí su estilo no estaba tan “depurado”, por lo que la película resulta más accesible que sus obras posteriores. El guión de László Krasznahorkai (en la que constituye su primera colaboración con Tarr) es algo más dialogado en comparación, la historia es más convencional (con elementos que recuerdan al cine negro tales como la mujer fatal, el crimen, y la traición), y el contenido filosófico, si bien está presente, no es tan marcado. La condena es mucho más realista y menos cínica, por lo que transmite un rango de emociones más amplio que la angustia existencial. Hay espacio hasta para la esperanza, y la alegría, pero en dosis minúsculas, por supuesto.

condena baile circulo

La música de Mihály Vig, muy de taberna decadente, es estupenda, y juega un papel fundamental a la hora de crear esa atmósfera de melancolía y desesperanza.

Karrer es un individuo para quién nada tiene sentido. No encuentra reposo, para él todo está corrupto, dañado, no vale la pena vivir. Su único refugio es una relación amorosa dañina y destructiva, de la cual es dependiente, y de la cual no puede salir. Se aferra a su deseo de estar con la cantante, porque cree encontrar algo bueno en ello. Los otros personajes de la película tienen el deseo de un mejor futuro, pero lejos de aquel baldío yermo lleno de barro. Karrer, al verse traicionado, no sólo arruina sus esfuerzos, sino que autosabotea su propia vida, asegurándose de traer la ruina que tanto predica. El mundo hostil que retrata Tarr está condenado desde el principio. Las acciones de la gente solo reafirman la llegada de la perdición.

Paradójicamente, hay una gran belleza subyacente a la naturaleza apática y desolada de la película. Su fuerte carga emocional la dota de una gran humanidad. El anhelo de una vida menos amarga está presente debajo de su plomiza superficie. El inexpresivo protagonista es en realidad alguien vulnerable, alguien que quisiera pedir auxilio a gritos, pero es incapaz de hacerlo. La condena final resulta más triste y definitiva, porque en algún momento se tuvo un atisbo de ilusión, de confianza.

 

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