Fanny och Alexander

Fanny y Alexander (1982)

Fanny y Alexander son los hijos de Oscar y Emilie Ekdahl, los dueños del teatro de la acaudalada familia Ekdahl, que vivía en Uppsala a comienzos del siglo XX. Pero cuando Oscar fallece repentinamente, la vida de su mujer e hijos cambia por completo. Emilie vuelve a casarse, esta vez con el obispo protestante de la ciudad, Edvard Vergerus, un hombre de una severidad y dureza excesivas, quien intenta inculcarles una disciplina rígida, en medio de la austeridad más absoluta. La relación entre Vergerus y Alexander es especialmente tensa, y el niño intenta rebelarse contra él.

Ésta obra, originalmente concebida como una miniserie en 5 “actos”, logra evocar una gran variedad de emociones y situaciones, de manera sutil y efectiva. Tiene elementos de película navideña, drama, existencialismo, coming-of-age, comedia, fantasía, y hasta horror. El uso del color es crucial. Profundos rojos transmiten una sensación de calor hogareño y felicidad, así como de comodidad y seguridad. Las paredes de la antigua e inhóspita morada del obispo están pintadas de blanco y gris, colores que también son usados durante los segmentos más trágicos.

fantasma oscar casa isak

La casa del judío, Isak Jacobi, está llena de luces y sombras misteriosas.

Como en toda película “de época” que se precie de serlo, la dirección de arte juega un papel crucial a la hora de construir la atmósfera de la película. Anna Asp y Susanne Lingheim, junto con la diseñadora de vestuarios Marik Vos-Lundh, hacen un trabajo fenomenal. Desde los lujosos interiores (y exteriores) de la mansión Ekdahl, pasando por la desolada casa Vergerus, hasta los cientos de curiosos y extraños objetos apilados en la tienda de Isak, todo está hecho de manera elaborada y ornamentada. La música se usa en ocasiones limitadas. Esto hace que cuando aparezca, cause una mayor impresión. Resalta el quinteto para piano de Schumann, y las minimalistas y enervantes notas que suenan durante el clímax.

momia fanny alexander

“Lo desconocido frustra a la gente. Es más fácil echarle la culpa de ello a espejos, máquinas y proyecciones.”

Como era de costumbre, Bergman iba a darles los papeles de Edvard y Emilie a Max von Sydow y Liv Ullmann, pero los actores no pudieron participar en la película. Ullmann, debido a otros compromisos, y von Sydow, porque no fue avisado a tiempo. En lugar de ellos dos, están Jan Malmsjö, famoso en su país como cantante y actor de teatro, y la desconocida Ewa Fröling. Ambos hacen una labor magistral en sus papeles, al igual que Bertil Guve, quién interpretaba a Alexander. Hasta los actores de reparto que están en los papeles secundarios dejan impresiones memorables, como Gunn Wållgren (Helena Ekdahl) y Jarl Kulle (Gustav Adolf Ekdahl).

vergerus alexander

“¿Entiendes que te castigué por amor?”

Fanny y Alexander es un compendio de muchas cosas de las que solía hablar Bergman durante toda su carrera, tales como el envejecer, la complejidad, particularidades y complicaciones de la vida en pareja, o el teatro y la actuación. El silencio de Dios, temática de varias de las otras obras del director sueco, vuelve a ser abordado acá, esta vez desde una perspectiva de un carácter autobiográfico (a duras penas disimulado). El Dios que pinta Vergerus no es “un Dios de amor” como él lo dice, sino un dios tiránico y opresivo. A pesar de que se hay presencias sobrenaturales que se manifiestan de manera recurrente en la película, sigue sin haber evidencia de que haya un Dios (o por lo menos el planteado en la religión cristiana).

Sin embargo, esta no es una película tan pesimista como (por ejemplo) Los comulgantes o Como en un espejo. Hay cálidos momentos felices, de unión familiar, juegos infantiles, amor, nostalgia, y esperanza. Ni las más terribles desgracias duran para siempre. Y aunque no se pueda escapar de las cosas más agobiantes de la vida, siempre quedarán buenas cosas que apreciar. En un espacio de unas cinco horas, Fanny y Alexander logra retratar muchas de las principales facetas de la experiencia humana, con maestría y belleza.

gustav discurso final

“Seamos felices mientras estamos felices. Seamos amables, generosos, afectuosos, y buenos. Es necesario, y para nada vergonzoso, estar complacido con el pequeño mundo. Buena comida, gentiles sonrisas, árboles en flor, valses.”

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