The Godfather Part II

El padrino II (1974)

El ejemplo definitivo para desvirtuar aquella afirmación de “segundas partes nunca fueron buenas”, considero que esta película sobrepasa a su decente, pero sobreestimada predecesora (The Godfather no es la mejor película de la historia ni a palo), en todo respecto, siendo mucho más ambiciosa y compleja, al ser tanto una secuela como una precuela de la original. El montaje paralelo es el medio por el cual se intercalan dos historias: la de la corrupción moral de Michael Corleone al llegar a la cima de su poder, y la de las vicisitudes de distinta índole por las que tuvo que pasar su padre, Vito Corleone, para conseguirlo. El contrapunto entre las dos líneas narrativas acentúa el carácter trágico de la obra.

michael connie

“En un par de escenas creo que fui demasiado lejos, pero Rembrandt fue demasiado lejos también”. Gordon Willis, director de fotografía, al referirse al uso de la oscuridad en el film.

Willis toma el concepto visual de la primera película de la trilogía y lo lleva mucho más allá, envolviendo casi todo en sombras (exceptuando a ciertas escenas en exteriores como la de la primera comunión del hijo de Michael, las escenas en Cuba, y las escenas invernales, entre otras), para representar el carácter cada vez más amoral del personaje principal. La cita a Rembrandt que hace el cinematógrafo no es casual, ya que la labor de este último está visiblemente influenciada por la obra del primero, así como de otros artistas, tales como Caravaggio.

En contraste con esto, la saturación de los tonos marrones y amarillos durante las escenas protagonizadas por Vito Corleone evoca una profunda sensación de nostalgia, haciendo que parezcan viejas fotografías en sepia.

corleone sicilia

Insuperables los primeros 10 minutos de la cinta.

En cuestiones de ritmo, The Godfather Part II va algo lento, pero, debido a que la trama es bien densa, y requiere ser establecida de manera adecuada, para que uno como espectador no se pierda, esto a veces es necesario. Además, la lentitud favorece al tono melancólico que se deseaba lograr. El guión está estructurado de manera impecable, a medida que avanza la película se acrecenta cada vez más la tensión dramática, y el balance entre las dos historias está muy bien logrado.

En cuanto al apartado actoral, todos están muy bien en sus papeles, pero hay cuatro miembros del reparto que eclipsan al resto:

La interpretación de Al Pacino, un actor que en ocasiones tendería al histrionismo en papeles futuros (aunque por ejemplo en Scarface eso funcionaría de maravillas), es considerada por muchos como la mejor de su carrera. Su Michael Corleone es un estratega frío y absolutamente despiadado. En mi opinión, Robert de Niro supera con creces a Marlon Brando en el papel de Vito Corleone (sonará a capricho personal, pero no soporto la manera en que éste último balbuceaba sus parlamentos en The Godfather), creando un personaje tan carismático y benévolo como sagaz e implacable. Lee Strasberg, una verdadera institución de la actuación (y maestro tanto de Pacino como de De Niro) le da vida a uno de los antagonistas más célebres de la historia de Hollywood: Hyman Roth. Y cómo olvidar a John Cazale, cuyo Fredo Corleone es una figura de una tragedia y un patetismo inconmensurables.

fredo

“I can handle things! I’m smart! Not like everybody says! Like… dumb! I’m smart, and I want respect!”

Los temas explorados en The Godfather, tales como la autodestrucción del ser humano provocada por la ambición, la futilidad de la venganza, el cuestionamiento de la lealtad, y la inmigración italiana (particularmente siciliana, idioma en el que es hablado un porcentaje considerable de la cinta) a los Estados Unidos, son explorados de manera más amplia en esta secuela, que las lleva a su conclusión lógica.

La primera parte de la saga de El Padrino es en cierto grado culpable de romantizar a la Mafia, al mostrar a ésta institución como elegantes hombres de negocios más que como criminales. Tampoco ayuda el hecho de que al ser tan icónica, haya sido referenciada e imitada innumerables veces. En la Parte II, se derrumba por completo esta noción, mostrando los extremos de la perversidad a la que podían llegar individuos como Michael Corleone, que convirtieron el código de honor y la lealtad hacia la familia en un mero pretexto para mantener el poder.

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