Stalker

Stalker (1979)

Originalmente tuve que ver esta película para un trabajo de la universidad, pero terminó cambiando mi concepción sobre el séptimo arte y sus posibilidades. Era tan densa que no pude verla toda de una, sino en las dos partes en que usualmente viene dividida. Aún así, al finalizarla quedé fascinado. No se parecía a nada que hubiera visto, tanto por su atmósfera (cosa del otro mundo), como por su contenido. Esto es porque su director, el ruso Andréi Tarkovski, tenía una concepción muy particular del cine, enfocada sobre todo en la imagen como tal y en la multiplicidad de significados que podía tener para cada espectador, sin que existiera una interpretación absoluta de los hechos que acontecían en pantalla.

Por ello, sus películas tendían a usar planos (o tomas, como se les conoce popularmente) muy largos, siendo lentas y contemplativas. Elegía crear el ritmo de cintas como la que nos ocupa a través de algo que llamaba “la impresión de la tensión del tiempo en cada plano”.  Es decir, que o bien sea manteniendo fija cierta imagen, o moviendo la cámara muy despacito, o abriendo o cerrando el plano también de manera pausada, podía crear una sensación tensa e intrigante, despertando la atención del espectador, sin necesidad de hacer cortes ni recurrir al montaje/edición para enlazar ideas. Tarkovski nos impulsa a fijarnos en los detalles de cada imagen, de manera que nuestra conciencia pueda tomarse el tiempo de asimilarlos completamente para interpretarla, haciendo de la labor de ver la película una experiencia altamente inmersiva.

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Imágenes como ésta pueden provocar una sensación de paz sobrecogedora, pero al mismo tiempo despiertan un sentimiento de extrañeza, una impresión de que hay algo anormal en el ambiente.

La película habla de tres personajes: un escritor sin inspiración, un científico con aspiraciones de ganar un Nobel, y un Stalker, quien le da el nombre al film. Guiados por este último, los tres individuos viajan a un lugar misterioso conocido como ‘La Zona’, que tiene la habilidad de concederle sus deseos mas íntimos a las personas que ingresen allí y logren superar una serie de trampas mortales. Durante su viaje se hacen un montón de preguntas, enfocadas en particular sobre la naturaleza de sus propios deseos, y sobre la fe, particularmente en cosas que no tienen explicación racional.

escritor

“Un hombre escribe porque está atormentado, porque tiene dudas. Necesita probarse constantemente a sí mismo y a los demás que vale algo. ¿Y si sé a ciencia cierta que soy un genio? ¿Entonces para qué escribir? ¿Para qué diablos?”

Resulta muy particular el hecho de que el mundo “de afuera” esté filmado en opresivos tonos sepia de un alto contraste, mientras que la Zona esté filmada a color, lo que constituye un recurso muy interesante al que recurre Tarkovski para diferenciar estos dos entornos y resaltar el carácter sobrenatural de la Zona. Las grises zonas industriales y los parajes contaminados y ruinosos en que toma lugar la acción tienen una estética muy particular, y una extraña belleza a pesar de todo. La música y el diseño de sonido también son muy destacables, la sinergia entre las composiciones de Eduard Artémiev (que mezclaban instrumentos de Oriente y Occidente) y los sonidos de la naturaleza que se oyen durante la película es sencillamente perfecta, y ayuda a construir el ambiente etéreo que caracteriza a Stalker.

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El agua está de manera casi omnipresente en la Zona, en multitud de formas. Un flujo constante, que puede verse como un símbolo de constante cambio, de flexibilidad.

Buscando y leyendo análisis sobre la película encontré con que algunos planteaban que el escritor, el científico y el Stalker representan cada una de las dimensiones del ser humano, la material, la intelectual, y la espiritual, respectivamente. Me adhiero a esta interpretación, dado que en la película se cuestiona y menosprecia el conocimiento y habilidades del Stalker, en lo que constituye una alegoría hacia la pérdida de espiritualidad del hombre moderno, el cual es materialista y pragmático. El film nos hace un llamado a que recuperemos esa parte nuestra, a que procuremos alcanzar la felicidad siendo buenos con los demás, creyendo en nosotros mismos, y en cosas que existen más allá de nuestra comprensión (a pesar de que Tarkovski era un cristiano devoto, considero que estaría simplificando demasiado el mensaje de la cinta al reducirlo a algo estrictamente religioso). Cosas que son tan fáciles de pensar y predicar pero tan difíciles de aplicar…

Hipnótica, reflexiva, y compleja, esta película sin duda probará la paciencia de una audiencia acostumbrada al cine convencional, pero considero que vale la pena, porque la verdad es que no es tan inaccesible como su descripción pudiera dar a entender (si de veras lo fuera, su look y estética no hubieran inspirado un videojuego, S.T.A.L.K.E.R.: Shadow of Chernobyl), y puede recompensar con creces la paciencia de los espectadores, al abrirles las puertas a nuevos mundos cinematográficos.

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