Stalker

Stalker (1979)

Un meteorito cae en un lugar en donde empiezan a ocurrir cosas extrañas. Pronto, el lugar empieza a ser conocido como ‘La Zona’, y el acceso al mismo se encuentra restringido. Se dice que allí existe una habitación que tiene la habilidad de concederle sus deseos mas íntimos a las personas que ingresen allí, pero para poder llegar hasta ella, se deben superar una serie de trampas mortales. Unas personas, conocidas como los ‘Stalkers’, ingresan de manera ilegal a La Zona para guiar a todo el que quiera entrar a ella y sortear sus peligros. Un escritor sin inspiración y un científico con aspiraciones de ganar un Nobel entran a La Zona guiados por un Stalker, y durante su viaje se hacen preguntas sobre la naturaleza de sus propios deseos y sobre la fe, particularmente en cosas que no tienen explicación racional.

Una de las obras cinematográficas más fascinantes jamás realizadas, que exhibe de la manera más completa todas las virtudes de Andréi Tarkovski y de su particular concepción del séptimo arte, enfocada sobre todo en la imagen por sí misma y en su multiplicidad de significados, que niegan la posibilidad de una interpretación absoluta. A través de sus característicos planos secuencia, que podían ser fijos o incluir lentos movimientos de cámara, aperturas o cierres (o todas las anteriores a lo largo de un solo plano), la película mantiene el interés del espectador, impulsándolo a fijarse en los detalles de cada imagen, de manera que pueda tomarse el tiempo de asimilarlos completamente y darles su propio significado, haciendo de la labor de ver la película una experiencia que demanda inmersión total.

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Un misterio subyace bajo la paz casi sobrecogedora de las imágenes, que dota a Stalker de un aura mística.

Otro aspecto destacable de la dirección de fotografía es el uso del color, recurso al que reurre Tarkovski para resaltar el carácter sobrenatural de la Zona. Así, el mundo “de afuera” está filmado en opresivos tonos sepia, mientras que la Zona esté filmada a color. Las grises zonas industriales y los parajes contaminados y ruinosos en que toma lugar la acción tienen una estética muy particular, y una extraña belleza, a pesar de todo. La música y el diseño de sonido también son destacables. Las composiciones de Eduard Artémiev (que mezclaban instrumentos de Oriente y Occidente) y los sonidos de la naturaleza que se oyen durante la película trabajan juntos, creando una sinergia maravillosa, que contribuye a construir la atmósfera contemplativa que caracteriza la película.

escritor
“Un hombre escribe porque está atormentado, porque tiene dudas. Necesita probarse constantemente a sí mismo y a los demás que vale algo. ¿Y si sé a ciencia cierta que soy un genio? ¿Entonces para qué escribir? ¿Para qué diablos?”

Las preocupaciones psicológicas y metafísicas que constituyen el centro de Stalker presentan una poderosa alegoría sobre la pérdida de espiritualidad del hombre moderno, el cual es materialista y pragmático. El escritor, el científico y el Stalker representan cada una de las dimensiones del ser humano; la material, la intelectual, y la espiritual, respectivamente. A lo largo de la película, el escritor y el cientifico cuestionan y menosprecian el conocimiento y habilidades del Stalker, nublados por sus concepciones lógicas o por el confort que les impide arriesgarse por algo que no sean ellos mismos.

Llegado cierto punto, los dos aventureros empiezan a preguntarse sobre la validez de sus deseos, sobre si vale la pena obtenerlos, o sobre si causarán un impacto negativo sobre sus seres queridos, o incluso sobre el resto de la humanidad. Su concepción del ser humano es cínica y dura, llena de miedos, de prejuicios, de dureza tanto como para los demás como para consigo mismos. Su guía, el Stalker, tiene otra filosofía de vida. Él actúa de manera desinteresada, porque cree con firmeza que La Zona, y los deseos que concede, son un regalo para el hombre.

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El agua está de manera casi omnipresente en la Zona, en multitud de formas. ¿Tal vez sea una expresión de constante cambio, de flexibilidad? ¿De dejar atrás la dureza, la rigidez, como lo recita la voz de un niño durante una de las escenas?

El film hace un llamado a realizar una búsqueda interior de valores como la empatía, la compasión y el altruísmo, y de principios que cambien la perspectiva del sentido de la vida, hacia algo más espiritual, hacia la creencia en la bondad del hombre, en la capacidad de todas las personas para ser buenas, y en la fe en fuerzas que existen más allá de nuestra comprensión (a pesar de que Tarkovski era un cristiano devoto, sería reduccionista considerar a Stalker y su mensaje como algo estrictamente religioso).

Hipnótica, reflexiva, y compleja, esta película sin duda probará la paciencia de una audiencia acostumbrada al cine convencional, pero no es tan inaccesible como su descripción pudiera dar a entender. Una película con el poder suficiente para cambiar las concepciones sobre lo que se puede hacer con el cine, y sobre lo que se puede transmitir a través de medios audiovisuales.

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